Cualquier día

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Una mañana, al despertar, al retornar de los sueños, o una noche, antes de dormir, alguien asoma al espejo y descubre su aspecto, los ojos tristes y apagados que miran, sorprendidos, el cabello encanecido, la piel arrugada y ausente de lozanía, presagio de un final no tan distante, Los años transcurrieron implacables, casi imperceptibles, hasta cincelar y pintar el rostro con los tonos otoñales o de invierno. El hombre o la mujer, ante su imagen, totalmente irreconocible, se descubre por primera vez, acaso sin sospechar que ya los años desdibujan la estabilidad de su organismo, probablemente envuelto en los temores que surgen al comprobar, en uno, la caducidad de la existencia, la improbabilidad de un porvenir grandioso, o quizá acosado por una, otra y muchas dudas, o tal vez por todo y nada o por la angustia de definir las siluetas, el pulso y las sombras de la hora postrera. Si tal persona se encuentra inmersa en lo baladí y lo superficial, llorará, sufrirá y de inmediato tomará la decisión de rejuvenecer artificialmente, esconder su edad e incluso adquirir ropa diseñada para otras estaciones; pero si ha evolucionado y, por lo mismo, asimilado las lecciones, entenderá que si la apariencia física, como el arreglo, es importante, más lo es hacer un paréntesis para efectuar un balance y reconstruirse, enmendar el mal y seguir y aplicar el bien, perdonar a los demás y a sí mismo, sonreír, amar y siempre, a pesar de todo, desbordar lo mejor para bien suyo y de la gente que le rodea y encuentra a su alrededor. Nunca es tarde, en verdad, mientras exista la posibilidad de comenzar de nuevo. Los días de la existencia son tan breves, por increíble que parezca, que escapan de un instante a otro, entre un suspiro y alguno más que ya no llega. Y no se trata, como actualmente lo inculcan quienes suelen invitar a la gente, a las multitudes, a derrochar los años de la existencia en conductas aberrantes y de desecho, en estupideces y superficialidades. Hoy, al voltear a nuestro alrededor, notamos que las sociedades, en el mundo, incluyen a pobres y acaudalados, profesionistas y analfabetos, en un juego perverso, demasiado tramposo, en el que se comportan igual, casi con las mismas tendencias, irracionalmente, a excepción de los estilos que implican las posibilidades económicas. Alguien, con poder e influencia en el mundo, desde hace tiempo, acorde con sus planes crueles, los ha aplicado gradualmente y con cierta intencionalidad, y así regaló a gran parte de la humanidad la idea de que la vida es una y hay que vivirla irresponsablemente, para lo que volvió a las multitudes en consumidoras de lo desechable, en criaturas de plástico, en hombres y mujeres de apariencias, en muñecos que el titiritero controla de acuerdo con sus intereses y caprichos, en seres humanos de uso rápido igual que cualquier producto que se come y se arroja su envoltura a la calle o al basurero, en personas egoístas y ausentes de sí, transformadas en más arcilla que en esencia. Desequilibraron a millones de personas que hoy transitan confundidas, atrapadas en apetitos que se tiran una vez que son satisfechos. Y desde hace años, las generaciones de la hora presente -jóvenes, adultos de edad madura y ancianos- creen que el suyo es el período más pleno dentro de la historia y la trayectoria de la humanidad, seguramente sin percibir que alguien abrió los corrales con el objetivo de que todos, agotados por la miseria de otros días, consuman, se endeuden, pierdan sus valores y se desboquen enloquecidos, hasta precipitarse al abismo, vacíos y miserables. El cabello encanecido, las arrugas y la mirada cansada, deben estimular otra clase de vida. Son válidos la apariencia personal, el arreglo y la buena presencia, en la medida de lo posible; sin embargo, si alguien desea trascender y, en consecuencia, ser pleno, feliz, auténtico, digno y libre, debe buscarse a sí mismo, no en los reflejos de los aparadores, sino en su interior, donde reposan incalculables riquezas. La gente joven que suele criticar, burlarse y odiar a los ancianos y que alguna vez, a cierta hora, en una fecha no lejana, si acaso sus días se alargan con salud, llegarán a tal edad, están a tiempo de enmendar el camino y ser personas inolvidables, grandiosas e irrepetibles. Y quienes hoy, al despertar, o antes de dormir y entregarse a los sueños, descubrieron que el tiempo y la vida tallaron los primeros jeroglíficos de su paso, sin duda tienen oportunidad de descender en alguna estación y buscar un destino con verdadero sentido existencial. Nunca es tarde para cambiar y evolucionar, aunque se trate del último día en la vida.

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Hoy, las flores amanecieron más contentas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy, las flores amanecieron más contentas y sus colores parecen menos tristes que ayer. Platiqué con las orquídeas, los tulipanes, las gerberas y las rosas, en el jardín, con la idea de compartirles un secreto que mis letras, cuando en las noches las acaricio y convierto en arte, conocen desde hace tiempo. Entienden que un día y muchos más, a cierta hora, he prometido cubrir tu existencia con sus pétalos fragantes y de intensa policromía. Ya saben, a partir de esta mañana, que deseo que su textura fina sea alfombra en los caminos que recorras. También invité a los claveles, dalias, lirios, margaritas, narcisos, hortensias y crisantemos, y lo mejor de todo es que aceptaron destilar sus aromas, plasmar sus matices y dispersar sus pétalos en alegrías y detalles, en pedazos de cielo e ilusiones, en realidades y sueños, en un día feliz y tantos más plenos e inolvidables. Hoy, las flores del jardín y de los bosques, forman parte de la historia que tú y yo protagonizamos cada día. Prometieron, y sé que cumplirán, perfumar tus días, maquillarlos con los colores que traen en su memoria y recuerdan paraísos bellos y prodigiosos. Y a las flores se sumaron, también, las gotas de lluvia, las ráfagas de aire y las hojas de los árboles. Hoy, con ayuda de la naturaleza, he firmado un pacto y ya tengo, por lo mismo, el poema más cautivante y hermoso, el lienzo sublime, el concierto magistral, el cielo y el mundo, las nubes y el mar, mis letras y tu mirada. Hoy, mis letras ya no permanecerán solitarias en las páginas desiertas de mi libreta. Tendrán la compañía de la lluvia que desliza en tu rostro, en tus manos, en tu piel; del viento que juega, incesante, con tu cabello; del sol que alumbra tu mirada de niña bonita; de la luna, con su sonrisa de columpio, que te invita a mecerte conmigo todas las noches; de las estrellas que se cuentan por millones y quieren alumbrar tu camino al paraíso; de los copos de nieve que se extienden en el bosque, en los parques, con el objetivo de que patines y cumplas tu anhelo de la infancia; de las flores que desprenderán sus pétalos con la intención de regalarte cada día la belleza e inocencia de sus colores, el deleite de sus perfumes y la delicadeza de su textura, hasta unirse a los rumores y silencios de nuestras almas al abrazarnos, en detalles, en sueños que ilusionan y realidades que emocionan. Hoy, simplemente, es lo que te ofrezco.

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Nuestro estilo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Nuestro estilo consiste en hacer de cada flor un verso y del poemario un jardín, para así traer hasta nosotros el encanto del paraíso. Nuestro secreto se basa, simplemente, en jugar al amor y a la vida todos los días, como lo hacen las estrellas, cada noche, al alumbrar la pinacoteca celeste, o los niños, al amanecer, con la alegría e ilusión de reunirse nuevamente. Nuestra dicha se parece tanto a la luna cuando se siente contenta y plena, y recorre la nubes plomadas con la idea de asomar con su sonrisa de columpio. Nuestro destino es una colección de historias, aquí, en el mundo, con la promesa de tantas, sin final, al abrir otras puertas. Nuestro amor es tan tuyo y mío, que apareces entre mis letras, al escribirlas, y yo, en tanto, me reflejo en tu mirada de niña y musa. Nuestro amor es, parece, un aliento de no sé qué parte del cielo, un soplo del paraíso, un pedazo de luz que descubrimos un día, en el camino, al seguir la ruta, en nosotros, en ti y en mí, como regalo, tal vez, de alguien grandioso que se contempla en nosotros. Nuestro estilo consiste, sencillamente, en ser tú y yo al amarnos, al vivir, al soñar.

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El arte… el arte abre las otras puertas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El bolígrafo que desliza suavemente sobre las hojas de papel, es el pincel que traza y pinta colores y formas en el lienzo, el arco que acaricia las cuerdas del violín, el martillo y el cincel que esculpen la piedra yerta. En cada movimiento percibo rasgos similares, algo que es tan propio de los artistas y sus obras. Existe, parece, una correspondencia sutil en el arte, como si cada expresión -las letras, la pintura, la música y otras- perteneciera al mismo linaje, a una casa solariega, a una hermandad luminosa e infinita que emula los amores y las pasiones de Dios. Entiendo que el arte no es del mundo, pero lo envuelve al provenir de cielos inmortales que están en uno y en todo. Es para los humanos, a quienes presenta, sintetiza y asimila la creación, la vida, las ilusiones, los sueños y las realidades. Son burbujas que exploran y regalan lo que los sentidos materiales no captan. Enseñan a la humanidad lo que a veces, por sus distracciones, no mira ni escucha. Al dibujar letras y palabras con el lápiz o el bolígrafo, o al oprimir teclas para registrarlas en una pantalla, en un aparato, el escritor es el pintor que crea algún cuadro y el músico que cubre el ambiente con los rumores y silencios de un paraíso mágico. El arte es un mundo infinito, rico e inacabable. Creo que al formar el mundo, Dios hizo incontables paréntesis y dejó espacios, trozos ausentes de sonidos y matices, listas con faltantes, para que sus discípulos, los artistas, los completemos con los materiales que cargamos desde tierras lejanas y tiempos distantes. Dejó palabras incompletas, paisajes a medios tonos, silencios y piedras informes con el objetivo de que los escritores y poetas, inspirados, regalemos las historias y los versos más cautivantes, los pintores obsequien colores, los músicos repartan conciertos supremos y los escultores ofrezcan formas cautivantes. Nadie debe apagar las voces de los escritores y poetas, borrar la policromía y los trazos de los pintores, callar el lenguaje de los instrumentos musicales y destruir las formas cinceladas y fundidas, porque equivaldría, en consecuencia, a derrumbar la entrada a otros recintos, a profundidades hasta ahora insondables, donde se encuentran vetas, tesoros grandiosos, secretos y la fórmula de la inmortalidad. Hay quienes denigran, escupen y encadenan al arte porque saben que tiene alas y luz, y transporta, por lo mismo, a la libertad, a la plenitud. Otros, en tanto, con capacidad y talento de artistas, se transforman y solo aparecen cuando hay butacas ocupadas, reflectores y cámaras, como si las obras fueran mercancía fabricada en serie. El arte es superior porque viene del alma, del ser, y emula el poder de la creación, retrata el sí y el no de la vida, explica lo que casi nadie entendería de otra manera, y acerca, definitivamente, a paraísos, mundos e infiernos, como para que todos conozcan cada sitio y elijan la esencia y las flores o los cardos. El arte es clave, signo, llave. Abre las puertas del alma, del cielo, del mundo.

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Nuestro amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es tuyo y mío, con el secreto de lo que significa para nosotros

Nuestro amor es expresión de sentimientos que brotan del alma como un manantial diáfano o una fuente de polvo de estrellas, y no se basa, por lo mismo, en el uso de aparatos de comunicación. Nuestro amor es de detalles espontáneos, no de horarios forzosos. Nuestro amor es libre y pleno, no resultado de convenios y tratos. Nuestro amor es de tú a yo, de mí a ti, y por eso es fiel y no necesita intermediarios. Nuestro amor es regalo del cielo, no concesión de algunas personas. Nuestro amor son sentimientos sublimes y encanto, no apetitos pasajeros. Nuestro amor es cielo y mundo, vida y sueño, no muerte ni desolación. Nuestro amor es alegría e ilusión, no dolor ni tristeza. Nuestro amor es dulzura, ensueño e inmortalidad, no amargura, pesadilla o caducidad. Nuestro amor somos nosotros, tú y yo, los de siempre, en la materia y la esencia. Nuestro amor es tu alma y la mía, por fin en una, en un palpitar eterno.

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Tengo un sueño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y ese sueño tan real, eres tú

Tengo un sueño que me acompaña desde que estaba en otro plano, antes de nacer aquí, en el mundo. Es una quimera, el delirio de una ilusión. Olvido, a veces, que estoy despierto por unos instantes dentro de la eternidad, que me encuentro en un paraje terreno y que mi estancia es temporal, quizá por sentirte tan cerca de mí y saberte el amor de mi historia y el color de mi cielo. Mi desvarío eres tú, con  el anhelo y la idea de compartir nuestros sueños y la vida, hasta que ambas expresiones se fundan en el engranaje del tiempo y en la fórmula de la inmortalidad. Ahora que te sé ángel y humano, dama y mujer, poema y música, me reconozco en ti, seguramente por ser caballero y hombre, cuaderno de apuntes y violín. Ambos somos tú y yo, nosotros. Es así como reconstruyo los antiguos recuerdos que se diluyeron en mi memoria, cuando tú y yo éramos los niños de un paraíso y alguien decretó colocarnos en el mundo para probar la fidelidad y la pureza de nuestro amor. Tengo un sueño , y eres tú, es nuestra historia, es mi poemario y es mi locura de artista enamorado. Eres mi sueño y el encanto de un amor que pulsa en mí, en ti, en nosotros, y en la servilleta de papel que te entrego a hurtadillas -tú lo sabes-, en la que escribo mis confesiones y expreso mis sentimientos cuando me miras y sonríes. Respiro tu perfume, siento tu presencia en mi rostro y en mi alma, llevo tu sabor y me sé tú cuando eres yo, y es así que compruebo que los sueños no son intangibles, que se cumplen si uno cree. Guardo en ti una parte de mí y conservo en mi interior un fragmento tuyo, no para coexistir los dos encadenados en una celda, sino con la intención de ser tú y yo en una caminata libre e inolvidable. Eres mi sueño y mi vida, mi temporalidad y mi eternidad, mi yo y mi tú. No me he quedado con residuos de mis sueños porque todos, te lo aseguro, se han cumplido, y ahora que moras en mí y habito en ti, entiendo que alguien muy especial que pulsa en las frondas, en las cortezas musgosas, en el océano y en las estrellas, los cumple al percibirlos auténticos y nobles. Comparto a tu lado, siempre contigo, un sueño de amor, el encanto de un romance, la dulzura de un idilio que coloca a uno y a otro, a ti y a mí, en la realidad de un mundo de sensaciones y en un cielo de sentimientos. Hacemos vida de nuestra más dulce entelequia y sueños de la realidad. Al mirarte en mí y sentirme en ti, descubro lo mucho que tenemos de nosotros y compruebo que la vida es tan sueño como uno lo desea y que las ilusiones se vuelven reales en la medida que se les construye. Veo en tu mirada la mía y así es como entiendo tu vida y tu naturaleza, y hago de las coincidencias nuestra fortaleza y de las diferencias el complemento que nos enriquece. Eres tú mi sueño, mi realidad, mi estancia temporal y mi condición inmortal. Somos ambos el sueño que tuvimos durante una infancia azul y dorada, cuando te sabías una niña patinadora y me sentía conquistador de incontables hazañas para ti. Todo, en una historia de amor, es sueño como vida. Intento aclarar que tengo un sueño que data de otros tiempos y que consiste en fundirnos en un crisol para ser tú y yo, nosotros, uno más otro, y de este modo hacer de la vida un concierto sin final, una obra inmortal, un mundo y un cielo.

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Fórmula del cielo o preludio de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres yo, soy tú, somos nosotros. Es nuestra historia

Alguna vez, parece, Dios pintó tus ojos con las tonalidades de su paleta y los alumbró con la luz de tu alma, como si hubiera deseado colocar en tu semblante una marca, la señal de sus criaturas consentidas, el lenguaje de los seres elegidos. No se conformó, al crearte, con la delicadeza de tus manos y tu silueta de mujer, porque te hizo dama para dejar en cada detalle y movimiento tu huella femenina. Guardó en tu esencia, en tus sentimientos y en tu memoria la fórmula de niña y princesa, el encanto de mujer y dama, la sutileza de ángel y musa. Escogió de los rumores celestes, las notas más bellas, los susurros del silencio, la música de la creación y la vida, para convertir tu voz canora en poema, en canto, en concierto. Llamó al viento para que jugara con tu cabello de muñeca y sopló hasta que despertaste de un sueño denominado eternidad. Inscribió tu nombre en una estrella para inmortalizarlo en la pinacoteca del universo. Notó que había creado aquella mañana, en su buhardilla, un trozo de cielo, un fragmento de su alma, un pedazo de ternura. Aquella ocasión, creo, también modeló mi figura y deslizó sus pinceles sobre mí, hasta que sopló, como lo hizo contigo, y desperté, igual que tú, de ese sueño inmortal en la morada, donde ambos jugábamos y permanecíamos fundidos en un palpitar sin final. Nuestra historia ya estaba escrita; sin embargo, permitió que tú y yo, nosotros, los de siempre, enmendáramos los capítulos y añadiéramos páginas a nuestra historia, con la idea, parece, de hacerla grandiosa, sublime, inmortal e inolvidable. Emocionado, Dios me confesó al oído que tú tienes mucho de mí y yo un tanto de ti, de tal manera que somos uno y otro con diferente identidad y el mismo pulso en un alma que no morirá porque contiene un soplo de eternidad. Guardó Dios sus secretos de amor en tu alma y en la mía, con la promesa de que algún instante, en cierta estación, coincidiríamos con la idea de compartir un destino, una historia, un romance. Recibí de Dios la encomienda de amarte con el alma, fielmente, como si cada momento iniciara nuestro encuentro y me enamorara de ti a toda hora, siempre con alegría, emoción, asombro e ilusión, como lo hago desde la primera vez, cuando dije a tu oído “me cautivas. Me siento profundamente enamorado de ti. Te amo”. Es un enamoramiento que no cesa, una locura que no se apaga, una luz que no se extingue. Tú convertida en mí y yo transformado en ti. Es un amor que viene de lo alto, que proviene del interior, que nos mantiene en los parajes de la temporalidad y lleva a ambos al oleaje de la inmortalidad. Con un amor así, poseemos la llave del cielo. Hemos compartido incontables capítulos, prefacio, es verdad, de los días y la eternidad que están por venir. Amar significa fundir dos almas con tu esencia y la mía, volar juntos, navegar inseparables, ser mundo y paraíso, canto y suspiro, silencio y voz, nieve y tormenta, cascada y río. Veo mi reflejo en tu mirada cuando me encuentro a tu lado y al no estar contigo, te percibo en mí aquí allá, me siento en ti, y lo más asombroso es que somos tú y yo, con un rostro y otro más, mecidos en el arrullo de un alma, en una morada donde el amor es la luz, el destino y el principio sin final. El nuestro es un amor inextinguible porque nació en el cielo, en el alma, en ti y en mí, en la primera flor. Sólo un amor como el nuestro se vuelve inmortal y exhala los perfumes del infinito, irradia la luminosidad de los luceros y regala las caricias del viento que llega de rutas  distantes. Tú y yo, nosotros, es el secreto de un amor vuelto locura. Intenso, alegre e ilusionado, te siento en mí, en la hoja dorada que arranca el viento una tarde otoñal, en el copo de nieve que derrama el invierno una madrugada sobre los abetos, en el rocío de la mañana que a una hora primaveral desliza en los pétalos de la flor, en las gotas de lluvia que se precipitan un día de primavera, acaso porque somos eco y promesa, probablemente por ser el amor código de la alegría e inmortalidad, quizá por definir en ti algo de mí y volverme un tú que abrazo desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, tal vez por formar parte del preludio y la fórmula del cielo.

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Con todo el tiempo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Contigo, mi sueño es vida y mi realidad prodigio

Ahora que hay tiempo, tomemos nuestras manos para sentir la ternura de una caricia que trae consigo la calidez y la sonrisa de Dios. No renunciemos, este momento, a probar la dulzura de un beso con tu sabor y el mío, impregnado con los ingredientes de un amor fiel y la fórmula del cielo. Instantes, los actuales, para fundir nuestras miradas y sabernos uno al descubrir el reflejo del otro. Los minutos se transforman en horas, días y años de temporalidad que dejan cicatrices en la piel; sin embargo, no perdamos un momento más para expresar con palabras sutiles y detalles cotidianos la dimensión de un amor que ya no tiene fronteras por desbordarse en las profundidades de nuestras almas y del océano y por reposar en las cumbres y en la morada infinita. Estamos aquí, contigo y conmigo juntos, en un paraje que es del mundo y en la ruta que conduce a un jardín sin final. Gocemos esta vida para asegurar la otra con los colores y las fragancias del amor, la alegría y el bien. No olvidemos que al protagonizar juntos cada capítulo existencial, formaremos el libro de nuestras vidas y de un amor inquebrantable, entre el ensueño prodigioso de la eternidad y los suspiros de la creación. Ahora que hay tiempo, me pregunto si a esta hora te expresé mi admiración y dije que te amo, y si sabes que eres  mi sueño y mi vida, mi finitud y mi inmortalidad, mi tú y mi yo.

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Sólo para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti, tú lo sabes, por ser el poema de mi amor, mi vida y mi alma

Mis poemas tienen mucho de ti, como el arcoíris ofrece los colores del paraíso, la mariposa muestra el vuelo de la libertad y la lluvia y el viento poseen la frescura y el perfume del cielo, acaso porque eres un tanto de mí, quizá por ser los dos un tú y un yo inseparable, tal vez por saberte la musa que me inspira en la buhardilla. Inserto en las palabras algo de ti, un trozo de mí, con la idea de dejar en cada fragmento poético tu fragancia y la mía, las huellas y la constancia de un amor que es locura y destino, talla y delirio, estrella y ministerio, sueño y vida. En cada letra y palabra descubro que a veces fueron tus manos y en ocasiones las mías, autoras de este poemario, probablemente cuando acariciaste mi rostro o seguramente al abrazarte desde las profundidades y el silencio de nuestras almas y saberte yo y sentirte tú. Ideas las mías que son las tuyas. Grabo en cada línea escrita las octavas de nuestras voces al susurrar con el aire los secretos de un amor prodigioso e inextinguible. Nadie imagina que al ser mi musa y yo tu amante de la pluma, fundimos nuestros sentimientos en un poema y en una historia inolvidable y excelsa. Aquí y allá, en el mundo y en otros planos, seremos muy ricos porque tenemos una historia que enlaza e identifica nuestras almas y un amor que ya es tuyo y mío y palpita, por ser fiel y puro, en el oleaje de la eternidad.

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Eres mi sueño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sabía que un día, en alguna estación de mi existencia, la definiría entre los viajeros, y así fue, la descubrí a unos pasos de mí, entre el mundo y la eternidad, con un estilo y una luz que me parecieron tan suyos y míos, que me apresuré al reencuentro. La reconocí. En mi infancia dorada, cuando la presentía en mí, entendí que los sueños son reales cuando uno cree y que alguien muy bondadoso, quizá en la morada de la creación, se encarga de cumplirlos si son puros y sinceros. Creí en nuestro encuentro y ahora es mi musa, color de mi vida, promesa de un cielo sin final, mi poema y mi amor. ¿Es sueño, vida o ambos? Es, simplemente, un sueño que cada instante se convierte en realidad. Es todo. Nada la desvanece. ¿Acaso mueren las estrellas cuando uno, en el mundo, contempla el amanecer?

Eres mi sueño, no porque todas las noches, al dormir, me encuentre contigo en un mundo prodigioso, en un plano mágico, sino por despertar y saberte real, por retornar de mis quimeras y sentirte conmigo, por abrir los ojos y saberme acompañado durante mi jornada terrena. Eres mi sueño, no por considerarte fantasía, poema, quimera e ilusión; es por ser la imagen que descubro al mirarme en el espejo, por el rostro que defines al ver tu reflejo, por nuestras sonrisas retratadas en el agua de la fuente y en los remansos cristalinos. Eres mi sueño, por tus detalles y ese estilo especial y tan tuyo, por tus riquezas interiores y tu belleza. Eres mi sueño por ser compañera y protagonista de nuestra historia, por dejar la actuación de personaje incierto y convertirte cada día en color de mi vida y promesa de un cielo esplendoroso. Eres mi sueño porque haces los guiones a un lado y te transformas en ti, en mí, en nosotros, auténtica y feliz. Eres mi sueño porque estás aquí y ahora, conmigo, con la idea de disfrutar una eternidad compartida. Eres mi sueño por ser mi realidad. Eres mi sueño porque no me agradaría que fueras proyecto inconcluso. Eres mi sueño porque así traes abrazos, juegos y risas a nuestra unión. Eres mi sueño porque cuando los días de la existencia tienen una alegría, un motivo, una ilusión, son de mayor dulzura y parecen más cercanos al alma y a Dios. Eres mi sueño porque un día y otro de mi infancia dorada, pregunté por ti, te percibí en mis noches de somnolencia y te supe sustraída de un cuento de hadas y princesas. Eres mi sueño porque un día apareciste en mi sendero, en una de las estaciones de nuestras existencias, como te presentí, igual a la niña con la que otrora jugué en salones palaciegos y en jardines edénicos, y te reconocí al descubrirme en tu mirada. Eres mi sueño porque te encontré en el perfume, la textura y la policromía de las flores, y en el azul tan profundo del cielo y del mar, en las burbujas de los manantiales, en las gotas de la lluvia, en las caricias del viento y en las tonalidades de las hojas. Eres mi sueño porque la realidad tiene algo de fantasía y las quimeras e ilusiones se vuelven reales cuando uno cree. Eres mi sueño, no por haber escapado de una morada infinita y permanecer refugiados en un terruño temporal, sino por caminar y volar juntos, tomados de la mano, libres y plenos, con el sí y el no de la vida, con sus claroscuros, hacia la ruta donde el agua es etérea y fluye incesante. Eres mi sueño porque así, como eres, pedí a Dios vivir la dulzura y profundidad de un abrazo sin final. Es cierto, eres mi sueño porque finalmente tú y yo entendemos lo que significa vivir con un estilo distinto y especial, más próximo al deleite y la excelsitud infinitos que a los rasguños de la superficialidad. Eres mi sueño porque sabemos los dos que un encuentro pasajero es sepultado en el olvido, y que un abrazo, otro y muchos más, envueltos en la dulzura y el silencio de quienes se aman y perciben las voces de sus almas y los rumores celestes, son las perlas de un collar que lleva a un paraje magistral, a la unión que inspira la luz y alumbra el universo con luceros de cautivante hermosura. Eres mi sueño.

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