Tu voz

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tu voz, tu voz inolvidable, tu voz inconfundible

Tu voz es la que pronuncia, en silencio, los poemas que te escribo y que sientes en ti cuando una noche, ante mi ausencia, suspiras al asomar por la ventana y miras las estrellas que cuelgan en la pinacoteca celeste e imaginas que tú y yo estamos sentados en la luna sonriente, enamorados, donde nos columpiamos y sentimos el arrullo de la vida y los sueños.. Tu voz es la que habla cuando me inspiro en la soledad de mi buhardilla, entre hojas de papel y libros, como para que no olvide nunca anotar que en tu mirada me reconozco un día, otro y muchos más. Tu voz es la nota silenciosa cuando te abrazo desde la profundidad de nuestras almas. Tu voz es el concierto, la palabra dulce y bella, el consejo, la reprimenda, tu risa, tus secretos y tu rostro pleno. Tu voz es el murmullo del aire que revuelve tu cabello y el mío cuando jugamos al amor y a la vida, el susurro de la cascada y el río que transitan felices e ilusionados en su tarea de dar, los rumores del mundo y el cielo que abren sus puertas y entregan alcatraces, orquídeas, tulipanes y rosas.. Tu voz es la primavera que alumbra las mañanas de mi existencia, el verano que me arrulla con su lluvia una tarde inolvidable, el otoño que sopla y me lleva a una alfombra de hojas y pétalos, el invierno que me invita a esquiar y patinar contigo sobre la nieve de intensa blancura. Tu voz eres tú conmigo, son las palabras del sigilo, es el lenguaje de las flores, es el idioma de la llovizna. Tu voz es el timbre del mundo, es el sonido de la creación, es la corriente etérea que me une a ti. Tu voz, tu voz, tu voz inolvidable, tu voz inconfundible, eres tú, soy yo, somos ambos, es el mundo, es la vida, es el amor, es el infinito. Tu voz.

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Los sigilos y los murmullos del tiempo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De los sigilos del tiempo, escucho el ir y venir del péndulo al columpiarse despreocupado e indiferente a la caminata de las manecillas y del engranaje, mientras ella, la muerte, hilvana pacientemente, a un lado de la chimenea y teje redes para cazar hombres y mujeres incautos, distraídos en sus aficiones y cosas, e incapaces de explorar y conquistar rutas inexploradas y dejar huellas y señales de su paso por el mundo. De los murmullos del tiempo, oigo sus silencios, sus pausas que me confiesan el sentido de la vida. De la maquinaria del tiempo, aprendo a interpretar su lenguaje, asisto a sus clases diarias y me apresuro a salir del aula para vivir sin cadenas ni prisas, desde el nombre del personaje que me corresponde interpretar, ausente de maquillajes. De las notas y las pausas de los días y los años, comprendo que entre la vida y la muerte, la aurora y el ocaso, existen luces y sombras, un sí y un no, y que cada uno -tú, yo, nosotros, ustedes, ellos- tenemos oportunidad de elegir el destino, la ruta, al ser exclusivamente barro, al preferir la luz o al mezclar ambos con equilibrio y armonía. De los rumores y silencios del tiempo, en el mundo, ahora sé que callan y hablan la vida y la muerte, y que solo aquellos que descifran su lenguaje, aprenden su significado y dan mejor sentido a su paseo terrestre. De los murmullos y silencios del tiempo, la vida y la muerte, escucho su música, su lenguaje, sus paréntesis.

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Al escribir para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Soy escritor y caminante. Escribo para ti caminos subyugantes y ando contigo por capítulos que tienen una dirección, una ruta, porque quiero ofrecerte un regalo, la perpetuidad de un amor, la sonrisa de una alegría, los capítulos de una historia inagotable y la entrada a un cielo sin final 

No es, en mi arte, que las letras anden perdidas en el papel ni que se sientan forasteras o náufragas. Es que busco su encanto, la armonía y el equilibrio de cada una al abrazarse, para unirlas en un matrimonio literario que resalte mi amor por ti. Guardo los acentos, las diéresis, los puntos, las comas y los signos de admiración e interrogación para coronar las palabras que te escribo y así transformarlas en ramilletes de flores con tu nombre y tus apellidos. Recolecto, entre las formas del abecedario, grafemas capaces de formar palabras bellas y dulces, poemas mágicos y cautivantes, textos que aceleren los latidos de tu corazón y te hagan sentir dama, musa y ángel. Escribo durante un minuto y otro, como si presintiera que los días de la vida son demasiado breves como para esperar el encanto de una mañana con copos de nieve en un bosque de coníferas, de una tarde con gotas de lluvia o de una noche de estrellas para regalarte el ensueño del romanticismo, el prodigio de un amor fiel y puro. Tejo, en mi buhardilla, letras y palabras que anoto para más tarde disolverlas en polvo y entregarlas al viento con la intención de que las traslade hasta la ventana de tu habitación. Escribo inspirado en ti, en la musa que eres de mis obras, en el color que pareces de mi vida, en la melodía que prometes en el cielo, en el amor que siento y es mi delirio. Cuento las letras del abecedario en un oleaje esmeralda y jade que me lleva a rincones submarinos con siluetas y tonalidades de ensueño y a un firmamento sin final que me conduce a luceros resplandecientes como tu mirada. Hago poemas, fundo letras y creo textos que las ráfagas de aire convierten en burbujas diáfanas, en sentimientos, en alegría, en sueños y en vida. A veces, cuando sigo mi ruta interior y te encuentro en la morada que compartimos, escucho los rumores del silencio, el eco de tu voz, los susurros de Dios, porque todo, en el amor, es real si uno sueña y cree en los milagros y en la dicha. Veo, al escribir, tu identidad, tu rostro, tu sonrisa, tus detalles femeninos, tu mirada. Escribo para ti con amor y pasión, tomo las letras y las inserto en el cuaderno, en la forja, hasta elaborar una obra que te haga sentir musa envuelta en los sentimientos que destilo. Sueño en la existencia y vivo las quimeras y las ilusiones porque unas y otras son tan parecidas al día y a la noche, al sol y a la luna, que las traduzco para ti con la idea de que sepas que te ofrezco un amor sin final y la promesa de ser muy feliz. Tengo la ilusión, al escribir, de desarticular los engranajes del reloj, desmantelar sus manecillas y su péndulo, para borrar las huellas y los vestigios del tiempo, retirar la hojarasca de los minutos y ofrecerte el regalo de la eternidad. Imagino, al colocar letras en mi libreta, que el espacio que en ocasiones separa a la gente, es una plana cuadriculada que puedo borrar con mi goma de artista para andar siempre a tu lado. Escribir para ti es dedicarte mi mirada, mis rumores y mi silencio, mi barca y mi rumbo. Ilusionado, al escribirte, coloco escalones al cielo, disperso pétalos fragantes y policromados en tu sendero. Gozo al armar mi arte, al elaborar mis obras, quizá porque intuyo que al leerlas sentirás emoción y descubrirás, finalmente, que tú y yo somos nosotros y que existe un secreto para amarte aquí, en el mundo, y en el pulso de un hálito eterno. No es que olvide las letras al depositarlas en las páginas en blanco, es que prefiero que se acomoden conforme tú y yo escribimos nuestra historia. Agradezco, al apagar una noche la lámpara de mi taller de escritor y asomar a la pinacoteca celeste, el perfume de tu rostro, el sabor de tus labios, el color de tu amor. Es innegable que al escribirte, compruebo que cada día me siento enamorado de ti y hasta me admiro y sorprendo, con alegría y emoción, de que siempre descubro algo nuevo que me fascina y hace sentir tú en un yo muy nuestro. Todavía, lo admito, experimento la emoción, alegría e ilusión de la primera vez, cuando confesé sentirme cautivado y enamorado de ti y pronuncié, embelesado, “te amo”. Oculto en mi estudio, en mi buhardilla de escritor, entre libros y papeles, libero las letras del abecedario con el objetivo de que se abracen, enamoradas, hasta formar palabras, textos y poemas que me lleven a ti. Musa, amor de mi vida, tú de mi yo, tonalidad de mi cielo, apareces en mis páginas y bolígrafos cuando escribo, haces el ambiente de mi desván de artista, permaneces en un mí que me recuerda tanto un tú, como octavas de un piano mágico que toca el más excelso de los conciertos. Amo, al escribirte, a la mujer que eres, a la dama que hay en tu interior, a la musa que percibo al inspirarme, al yo que siento en ti, al tú que existe en mí.

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Rumores y silencio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Abro los ojos, beso tu frente y te abrazo con tanta emoción, que en ocasiones, encontrándome en el mundo, creo estar en el cielo

Beso tu frente, cierro los ojos y te abrazo prolongadamente, hasta fundir nuestras almas en un crisol y sumergirnos en el silencio, donde rumores sutiles hablan y confían secretos indecibles. Cuando los detalles, las palabras y los hechos resultan insuficientes para declarar cada día un amor inagotable que se siente, se vive y se sueña hasta convertirse en delirio, estilo, medida y destino, uno recurre al sigilo para escuchar el pulso de la creación, el universo, el mundo y los corazones. Hoy, al abrazarte en silencio, el susurro de la lluvia, el bisbiseo del aire, el murmullo del océano y el trinar de las aves se diluyen en notas que se mezclan con los coros de las estrellas, el polvo cósmico y el canto de los ángeles. Es música de ensueño que viene, parece, del interior y del cielo, de aquí y de allá, de ti y de mí, de arpas, violines, liras y pianos mágicos. Al abrazarte en el sigilo de una mañana primaveral, una tarde veraniega, una noche otoñal o una madrugada de invierno, escuchamos a Dios que musita a nuestros oídos para confiarnos la fórmula de la inmortalidad y recordar que mientras el amor que ambos experimentamos sea auténtico y fiel, compartiremos la dicha de ser intensamente felices, protagonizar una historia maravillosa e inolvidable en el mundo y aspirar, por cierto, al regreso a la morada, al círculo que desconoce el principio y el fin porque todo es hoy y aquí, y si se sospecha existe en el interior, es porque se trata de la antesala de un paraíso inconmensurable. El silencio es tal, que parece que permanecemos unidos una noche interminable en un desierto, en las montañas donde caen copos de nieve o en las profundidades del mar, donde uno, al fundir su alma con otra, escucha y descifra el lenguaje de Dios y la vida. Las ráfagas penetran en uno y la paz es inmensa. Al retornar, escuchamos los rumores de la llovizna, el canto de la fuente, el lenguaje del océano, los murmullos de las cascadas y los ríos, los gritos de la vida y la creación que parecen repetir nuestros nombres y deleitarse con la magia de un amor que inicia todos los días como si fuera la primera vez. Abro los ojos, beso tu frente y te abrazo con tanta emoción, que en ocasiones, encontrándome en el mundo, creo estar en el cielo.

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TROZOS DE VIDA… Deseos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sólo para ti, con el deseo de amarte hoy y siempre

Deseo recolectar las gotas de la lluvia en una cubeta o en un estanque para regresar contigo a la infancia dorada, jugar como dos pequeños traviesos entre el pasto y los dientes de león y arrojarnos agua hasta empapar nuestros rostros, la ropa y el calzado. Anhelo atrapar los momentos fugaces con la finalidad de repetir los capítulos más hermosos e inolvidables de nuestras existencias y recrearnos, entonces, con el amor que compartimos. Quiero raptar por algunos instantes los colores de las flores y las mariposas con la intención de maquillar los caminos de tu existencia y cubrirlos de alegría, travesuras, juegos y risa. Pretendo guardar en mi morral de artista las ráfagas otoñales para que alboroten tu cabello y me envuelva una noche nebulosa y fría. Intento reunir las estrellas que hoy descubro en el firmamento para una noche especial y romántica, tomar tus manos e invitarte a la orilla de la playa, entre arena y rocas, donde contaremos los luceros y te relataré mil historias de amor, mientras nuestros pies reciben los besos de la espuma del mar. Planeo recordar las formas del follaje para correr a tu lado por el bosque y bautizar cada árbol con nuestros nombres y los de los seres que nos rodean y a quienes amamos. Quiero que las gaviotas me concedan la dicha de conseguir alas para volar tú y yo sobre los pliegues jade y turquesa del océano, donde miraremos, arrobados, el reflejo de nuestros rostros. Deseo coleccionar el rumor de las cascadas y la lluvia, el susurro del viento, el rumor del oleaje, el sonido de la creación y el murmullo de los ángeles con el objetivo de transformarlos en la voz celeste y tierna que musite a tu oído y confiese que te amo.