La tesis y el plagio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Mis padres me enseñaron, hace años, que quien es infiel en los temas de apariencia insignificante, en los detalles pequeños, en las cosas minúsculas, también lo es en los asuntos formales e importantes de la vida, y hoy, al leer las noticias, los análisis, las declaraciones de unos y otros sobre el presunto plagio de párrafos completos de libros que hace un cuarto de siglo cometió el presidente Enrique Peña Nieto para incluirlos en su tesis profesional, compruebo una vez más que tenían razón, sobre todo porque el hombre que tanto cautivó a las mexicanas por su aspecto físico y provocó, por lo mismo, el voto glandular, se ha involucrado en escándalos relacionados con actos de corrupción.

Una periodista, Carmen Aristegui Flores, anunció previamente que daría a conocer una noticia sobre los antecedentes del mandatario nacional, declaración que desbordó el ánimo, la morbosidad y el masoquismo de la sociedad mexicana, hasta que desilusionó a incontables hombres y mujeres que esperaban, sin duda, información acerca de otro escándalo presidencial, quizá la adquisición sospechosa de nuevas mansiones o tal vez números de cuentas bancarias e inversiones millonarias.

Acostumbrados a la corrupción que practican desde burócratas de cuarta categoría y policías hasta funcionarios y políticos del más alto nivel, amplio porcentaje de mexicanos mostraron indiferencia al hecho, el cual, de haberse registrado en alguna nación desarrollada de Europa, habría desencadenado en juicio social e incluso la renuncia del personaje a su cargo.

Es un hecho que la noticia se difundió y el asunto se encuentra sobre la mesa. Más que pretender coartar la libertad de expresión y alegar que no fue tomada en cuenta por el equipo informativo de Carmen Aristegui Flores, la Universidad Panamericana tendrá que renunciar a sus declaraciones distractoras, asumir su responsabilidad y analizar con objetividad la tesis que hace 25 años presentó Enrique Peña Nieto con la intención de obtener el título de licenciado en Derecho, y determinar si efectivamente, como se le acusa, el 29 por ciento de su contenido forma parte del plagio a por lo menos una decena de obras de diferentes autores, o si hubo dolo, ignorancia o mala interpretación por parte de los comunicadores. La institución universitaria tiene el reto de actuar con honestidad porque mentir o distorsionar la realidad, en caso de que el presunto plagio fuera real, colocaría en riesgo su honorabilidad y prestigio académico.

Por otra parte, el vocero de la Presidencia se adelantó al argumentar que se trata de errores de estilo. Error de estilo se refiere, en todo caso, a cuestiones gramaticales, a la estructura de las oraciones, no a la ausencia de comillas y citas de autores y obras. Y claro que si la acusación se encuentra sustentada con la verdad, es motivo de actualidad y discusión porque si bien es cierto la tesis fue redactada hace dos décadas y media, resulta que su autor es en la actualidad presidente de más de 120 millones de mexicanos.

En este contexto de ataques y contradicciones, el director de tesis de Enrique Peña Nieto declaró que seguramente las comillas fueron eliminadas durante el proceso de captura e impresión de la misma, argumento totalmente burdo y ofensivo para la inteligencia de no pocos mexicanos.

De resultar verídica la informacón periodística de Carmen Aristegui, sería lamentable que el presidente mexicano, respaldado en su reforma educativa, pretendiera evaluar a los profesores, cuando él recurrió, para obtener su título profesional, a la trampa del plagio, noticia, por cierto, que tuvo mayor impacto en naciones desarrolladas que en México, donde la corrupción, impunidad, simulación e injusticias se practican cotidianamente a niveles preocupantes.

Es innegable que los mexicanos de la hora contemporánea son testigos de la descomposición que ya afecta a todos los sectores y de los escándalos, errores y acciones opacas por parte del mandatario nacional, quien hasta antes del asunto de la tesis y el plagio, apenas contaba con el 23 por ciento de credibilidad por parte de la población, según la encuesta realizada por el periódico Reforma.

Sin duda, la gestión presidencial de Enrique Peña Nieto se ha caracterizado por escándalos, inestabilidad económica y social, represión, imposiciones, banalidades, corrupción, impunidad, rezagos e injusticias, contrastantes con sus denominadas reformas estructurales que definitivamente no han presentado los resultados que se ofrecieron ni cuentan con el respaldo colectivo.

Si el multicitado plagio en la tesis resulta verídico, significará que se trata de un personaje que ha hecho de la mentira un estilo de vida y uno entenderá fácilmente, en consecuencia, la causa por la que un día promete no incrementar los precios de los combustibles y al poco tiempo, bajo argumentos nada creíbles, su administración realiza ajustes en perjuicio de los mexicanos; aunque si la Universidad Panamericana demuestra lo contrario de manera objetiva y responsable, habrá que replantear el tema y pensar que alguien, más allá del personaje público, mueve los hilos del poder. Seguramente en el lapso de los próximos días conoceremos la veracidad o falsedad en la noticia difundida por Carmen Aristegui Flores y su equipo de colaboradores