Cristal y mineral

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sé cristal en un mundo de piedras y minerales. Extiende las manos a quienes necesitan apoyo, da bienestar a los que más padecen, escucha a los que prueban el amargo sabor del sufrimiento, abraza a los desconsolados, habla con aquellos que requieren un consejo o una palabra de aliento, acompaña a los desolados y despierta de su engaño y locura a los hombres y a las mujeres adocenados, atraídos por la seducción de las sensaciones temporales, extraviados en el brillo fugaz de las superficialidades, atrapados en existencias carentes de sentido e incapaces de emprender hazañas y trascender. Sé luz en un plano donde la gente prefiere la oscuridad o los reflectores, para que así dejes huellas indelebles y otros, los que caminan atrás, sigan la ruta del bien, la verdad y la belleza. Decreta la libertad y la plenitud. Sé tú quien defina el camino, trace el itinerario y retire los abrojos y las piedras. Construye puentes y escalinatas; derriba muros y fronteras. No importa que una tarde helada o una noche de tormenta llegues con la ropa desgarrada y la piel herida, si a cambio tuviste la dicha y la fortuna de dar de ti. Recuerda que el amor y las cosas no solamente son para uno, sino para el bien que se puede hacer a los demás, y tú tienes la opción, cada día, de proyectar la alegría y la plenitud de la luz y los colores o de ensombrecer lo que está a tu paso. De ti importan tus tesoros interiores, las obras que haces para bien tuyo y de los demás, el ejemplo que inculcas y las huellas que dejas, no la opulencia material ni el calzado que portas. Hay gente que consume los días de sus existencias en la humedad de los socavones, en la soledad de los túneles, quizá porque le interesa el brillo y el valor de los minerales; pero tú forma parte de quienes prefieren ser cristal y resplandecer desde el interior.

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Miré tus ojos…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…y así la convertí en mi poema, en musa de mi inspiración, en personaje de mi historia. Comprendí que sería no compañera de una estación, porque las horas banales se desvanecen y olvidan rápido, sino en dama de mi vida, aquí, en el mundo, y allá, en un plano mágico que inicia en el alma y se extiende al infinito, con un amor tal que incendia el universo con sus tonalidades mágicas y su música inagotable

Miré tus ojos, tu boca, tus manos, y descubrí tus detalles, tus rasgos femeninos, esa clase tan tuya que provoca en uno el deseo de calzar sandalias de la misma talla para andar juntos por las sendas de la existencia, escalar cumbres, volar y sentir el paso de las nubes, soñar y vivir el arrullo de la temporalidad y el prodigio de la inmortalidad. Cuando definí tu perfil, te encontré en mí, en el perfume y la textura de las flores, en la belleza de las gotas de lluvia y en el encanto de los copos de nieve. Al verte, sentí emoción. Pensé, entonces, que algún día, cuando uno cree, los sueños y las ilusiones se convierten en realidad. Te identifiqué porque mi corazón latió con mayor celeridad, Me reconocí porque me miré en ti y supe que eres mi alma paralela. Comprendí que si alguien, a otra hora, me preparó para ser caballero, me encontraba ante una dama y era preciso, en consecuencia, probarme, aplicar los consejos y ejemplos con mi estilo. Observé tus movimientos delicados, palpé esos actos casi imperceptibles en nuestra época que distinguen a quien es ángel del cielo, probé tu sabor, experimenté asombro hasta de la admiración y el enamoramiento que me causas todos los días, sentí tus abrazos en el silencio de tu ser y el mío, escuché el susurro del cielo en tu voz y entendí que por fin, tras la espera, me encontraba ante ti, el sueño de mi infancia y juventud, la inspiración de mis obras, el personaje de mi historia, mi rostro femenino y mi amor y compañía de la eternidad. Tanta fue mi alegría, que me pregunté: si es bella, ¿cómo serán sus tesoros? Si es dama, ¿cómo será al transformarse en ángel? Si hermoso es su resplandor, ¿cómo será la luz de su alma? Si es un deleite amarla en la brevedad de la existencia, ¿cómo será nuestro romance en el columpio de la eternidad?

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Una joya

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Por eso es que al coincidir con ella, me atreví a hablarle y preparar las hojas de nuestra historia. Algo, en mi interior, me dictó que se trataba de la joya que tanto había buscado. Supe, entonces, que cuando uno desea un amor fiel y sublime, debe soñarlo, desear que se cumpla el encanto y actuar y vivir en la misma frecuencia para merecer el cristal del cielo

Descubrí en ella el color de mi vida cuando retiré los escombros de mis días, limpié las paletas y los tinteros pasados y tuve capacidad de observar la belleza; encontré la dulzura de su mirada en cuanto decidí rasgar mis disfraces y máscaras para ver desde el interior; sentí dos manos capaces de dar y acariciar tiernamente al aprender que hay mayor dicha al entregar el bien y crear puentes que al ambicionar y construir murallas. Alcancé mejor inspiración, al crear mis obras, cuando la sentí en mí y la transformé en musa. Volé a su lado feliz, pleno y libre, en cuanto rompí contratos, apariencias y grilletes. Me sentí caballero a partir del instante que coincidí con una dama, con una mujer tan femenina que me pareció el destello de una estrella. La entendí e hice feliz al conocerla. Me enamoré fielmente cuando evité el brillo de las apariencias y la seducción y me interesé en una joya. Comprendí, entonces, que si uno desea amar una joya, jamás deberá actuar como el avaro y miserable que atesora riquezas en un cofre; al contrario, habrá que despojarse del ropaje que blinda los sentimientos y vivir ejemplarmente para merecerla y conservarla siempre.

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Tesoro

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy cerré los ojos para imaginarme a tu lado durante los años postreros de nuestras existencias. Resbalé a los abismos del sueño y descubrí dos figuras seniles y resplandecientes que se consentían y protegían uno al otro. Me vi, ya anciano, sonreír, besar tu frente y abrigarte mientras dormías. Me sentí consentido por ti cuando escuché tus consejos y me ofreciste un postre. Éramos dos ancianos felices. Experimenté la misma emoción, alegría e ilusión que la primera vez, cuando admití sentirme enamorado de ti y te confesé mi amor. Descubrí que el amor es eterno y conduce a los arcones de Dios

Tesoro, en el amor, es recordar aquellas dos figuras lozanas que otrora maquillaban sus rostros de carmesí cuando reían con intensidad o casi eran descubiertas al enviarse un beso o un guiño a hurtadillas, y mirarlas ahora, en la ancianidad, enamoradas, acaso en una banca, entre hojas doradas y quebradizas, como dos chiquillos que se cuidan uno al otro porque simplemente se aman y no soportarían el desconsuelo y la tristeza de la partida y la soledad. Ya son uno y otro. No se conciben distantes.

Es advertir que las manecillas del reloj y las fechas de los calendarios resultaron insuficientes para agotar su romance, porque a pesar de las arrugas de la piel y las canas, el amor, cuando es auténtico y fiel, no se debilita ni muere.

Amor es eso, fundir dos almas para hoy y la eternidad, sin importar que un día, mañana o dentro de algunos años, la belleza física desvanezca y ceda su lugar a los pliegues, la desmemoria, el cabello plateado o la lentitud.

Mirar, una tarde de lluvia, a quienes antaño se divertían al sentir las gotas deslizar en sus caras sonrientes y empaparse, y ahora uno ayuda al otro a abrigarse para evitarle un resfriado durante el aguacero que ambos presencian tras el ventanal, es una fortuna, algo que vale más que cualquier alhaja atesorada en un relicario de madera fina.

Observar a dos ancianos, un hombre y una mujer, que caminan despacio, como midiendo los pasos o el tiempo, es una bendición y quizá eco del atrevimiento de la declaración y aceptación, a la vez, de un amor que desde el inicio se presintió especial, tierno e inmortal.

Es común que la mayor parte de la humanidad coincida en que el amor queda desgarrado en el camino o se le lleva con cicatrices y duelo; pero cuando uno descubre dos manos débiles y marchitas que se toman para cruzar la calle, evitar caer a un charco o subir la banqueta, igual que en la juventud, identifica la señal de quienes fundieron sus almas en un crisol celestial y todavía, a pesar de la caminata del tiempo, se miran con dulzura.

Insisto en que es un tesoro la mujer de manos cansadas y piernas frágiles que una tarde nebulosa y fría, en casa, camina lentamente, apoyada en los muebles y las paredes, con la intención de acercarse al sillón de la sala y cubrir con un abrigo o una cobija a su amado, al hombre que fue vencido por el sueño mientras hablaba y repetía la misma historia, para que su cuerpo no enfríe ni recaiga su salud.

Grandioso tesoro es, igualmente, cuando él, agotado por el peso de los años, despierta a media noche y pregunta a ella si se siente bien, si está cómoda o si se le ofrece algo, o un día, en la mañana, ver al caballero anciano que cede el paso a su dama o retira la silla para que se siente.

Nunca ha sido la búsqueda de belleza física y placeres fugaces, ausente de sentimientos y valores, garantía de un amor verdadero y perdurable. Quienes hoy se entregan a la inmediatez de las apariencias y los apetitos, no deben esperar un amor pleno, fiel y seguro durante su vejez.

Amar hoy y mañana es un tesoro que no se comercializa y que muy pocos seres humanos, en el mundo, tienen el privilegio de disfrutar. Si es romántico besar los labios juveniles, resulta conmovedor y extraordinario llevar y conservar el sabor y la fragancia del amor hasta los días de la ancianidad. Mi plan se basa, justamente, en transformar nuestro amor en historia sin final, en que me sientas en ti como yo te percibo en mí, en ser tú y yo, los de siempre.

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El minuto que reservo para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El minuto que reservo para ti se acumula a nuestra historia, te pertenece y puedes conservarlo como quien guarda una flor muy querida entre las páginas de un libro o las cartas de un romance que no se olvida; la eternidad que anhelo para ambos, la construimos cada instante y no dudo que al tocar la aldaba, alguien abrirá el portón e invitará a pasear y recrearnos en jardines insospechados, sonreír y mecernos en un columpio inagotable, donde los sueños e ilusiones serán completamente vida, y la realidad, en tanto, las quimeras que diseñamos

Reservo mi locura para los días que estoy contigo, acaso porque al mirar los cristales de los aparadores descubrimos el reflejo de dos figuras sonrientes, quizá por sentirnos inseparables dentro de un cuento de ensueño o tal vez por experimentar emoción al volar juntos y recibir el aire de la libertad. Reímos como dos pequeños que deciden recorrer el mundo por primera vez y todo, a su alrededor, es emoción, asombro, alegría e ilusión. Guardo el delirio de este amor para nuestras horas de encuentro y los días de juegos, ocurrencias y risa. Nos agrada experimentar en cada minuto de convivencia el hechizo y la magia de un capítulo diferente, especial e intenso porque así es nuestra historia, el guión que diseñamos. Conservo nuestros capítulos pasados en un relicario, en una caja mágica, donde guardaré los del futuro; mas disfruto la hora presente a tu lado, precisamente para agregarla cada día a la historia que compartimos. Resguardo tu mirada, tus labios, tu fragancia, tu cabello, tus manos y tu voz, igual que un niño que custodia sus juguetes más queridos, seguramente por el significado que tiene para mí cuando te nombro “tesoro del cielo”. Si por alguna causa no estoy a tu lado, abro el pequeño baúl para percibir tu perfume, escuchar tu voz y sentir tu compañía; si sufres o entristeces, extraigo abrazos y besos, instantes de alegría, palabras de amor y consuelo. De alguna manera atesoro la fórmula mágica para fundir esmeraldas, diamantes y perlas que inserto en el universo con el objetivo de que cada noche pletórica de luceros sea romántica e inolvidable, y tejo lienzos con la idea de colocarlos en la altura para que cuando retornes del embeleso de tus sueños, descubras la excelsitud y profundidad de un cielo especial. Deposito tu nombre en mi corazón para que mis latidos lo repitan cada segundo e impregno tu rostro en mis ojos con la finalidad de que siempre aparezcas retratada en mi mirada. Atrapo con mi red los instantes que compartimos, los días y las horas juntos, la historia que protagonizamos; sin embargo, no corto tus alas porque me encanta volar a tu lado, percibir las ráfagas de la libertad, navegar plenamente y sentir que las olas mecen nuestra embarcación. Un amor como el nuestro, tú lo sabes, nunca ha necesitado convenios ni grilletes porque es fiel y libre. Cada día reservo para ti lo mejor de mí porque estoy convencido de que si no hubiera un asiento para una dama, habría que fabricarlo; si no existiera la lluvia, tendría que inventarla para mojarnos y pisar los charcos. Los detalles no se acumulan para una fecha especial que podría no llegar; se entregan con la alegría y emoción que provocan el deleite de una flor de textura exquisita, un bouquet fragante, una sonrisa, un poema, una palabra, un guiño o un paseo. En el amor, las sorpresas no se almacenan para utilizarlas en algún momento especial. El encanto consiste en hacer magia cada instante, en no cansarse jamás de un romance especial, en iniciar cada día el embeleso del amor como si se tratara de la primera vez. A tu lado he aprendido a dar color y fragancia a las flores, contemplar el firmamento y descubrir sus ventanas, bautizar cada árbol y hoja con un nombre, sonreír y hacer de los días que para la mayoría son comunes, una historia de alegría, ocurrencias y bendiciones con episodios inagotables, supremos e inolvidables porque estar contigo es sentir la brisa del cielo.

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Trozos de vida… Tesoro

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, que eres mi tesoro

Felizmente, uno puede llamar tesoro a quien cotidianamente demuestra el amor con detalles, alegría, miradas amables, un beso tierno o una sonrisa, nunca a aquella persona que se interesa en coleccionar una noche pasajera para su inventario pasional. Uno presume al ser que ama no por la brillantez de sus joyas, la forma de su cuerpo, la apariencia de su rostro o su sensualidad, sino por la luz que irradia desde su interior, sus valores, los principios que rigen los días de su existencia. Uno, al caminar por las rutas mundanas, toma de la mano a la dama o al caballero, no al barbaján, porque el sendero es demasiado bello como para cultivar abrojos y llegar, al final, lacerado. Uno anda feliz al lado del ser con el que comparte una historia y el proyecto de un amor eterno y especial, no de quien pretende adherirse como alguien más. Uno llama tesoro a quien ama y verdaderamente resguarda riquezas en su interior.