Todos los días…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es un delirio, una locura, un desvarío. Este amor fue sueño. Este amor es realidad. Este amor es ayer, hoy, mañana y eternidad. La apoteosis de este amor, bien lo sabes, es para ti

Todos los días, al amanecer, me siento agradecido e intensamente feliz. Imagino que un día, otro y muchos más, al despertar, colocaré una flor en tu almohada para que al abrir los ojos, tras flotar en el mundo etéreo de los sueños, descubras su textura, fragancia y tonalidad. Así comprobarás que los sueños, cuando se cree con firmeza en algo bello, se hacen realidad. Todos los días, al andar por un camino y otro, conquisto el mundo para compartir sus bellezas y delicias contigo. Todos los días tomo los detalles, las fragancias, los sabores, las tonalidades y los regalos para entregártelos. Todos los días atrapo burbujas diáfanas y mágicas para introducir sueños e ilusiones y reventarlas contigo al hacerlas realidad. Todos los días, al sentir las caricias del viento, las gotas de lluvia que empapan mi cabello y deslizan en mi rostro o los cristales de nieve que sonrojan mis mejillas, te siento a mi lado, seguramente porque moras en mi corazón y mi mente. Todos los días, al navegar por la vida, te descubro en el follaje, las rosas, los tulipanes, las nubes, los arcoíris, las mariposas, los rumores de las cascadas y los ríos, la arena, el concierto de la naturaleza y el jade y turquesa de los pliegues marinos. Todos los días, al sonreír, estás conmigo. Todos los días, al atardecer, evoco la unión del cielo y el océano, iluminados por el sol dorado y el resplandor amarillo, naranja y rojizo de un acto de amor grandioso y puro. Todos los días, al contemplar las estrellas plateadas y la luna con maquillaje de espejo o sonrisa de columpio, te siento conmigo, ambos envueltos en el arrullo y ensueño del más puro romanticismo. Todos los días, al admirar las auroras y los ocasos, sé que existen amaneceres y anocheceres interminables en un cielo que se presiente hermoso y sublime desde el interior. Todos los días, al revisar el libro de mi vida, descubro con asombro y embeleso que tú formas parte de mi historia. Todos los días, al percibir el sabor y el perfume del amor, te descubro conmigo.

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