¿Eres el poema que escribo?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Si eres el poema que te escribo, ¿qué son tus ojos?, ¿qué tu rostro?, ¿qué tus manos? ¿Acaso letras y acentos?, ¿quizá palabras, signos y puntuación?, ¿tal vez polvo de estrellas e inspiración? Si eres las flores que te regalo, ¿qué es tu textura?, ¿qué tu rubor?, ¿qué tus suspiros? ¿Se trata de pétalos cautivantes que presumen los matices de los jardines del paraíso?, ¿perfumes del cielo? Si eres los sentimientos de mis textos, ¿qué significado tienen en las páginas donde los escribo? ¿Es delirio de un amor sin final?, ¿alegría y locura?, ¿realidades y sueños? Si eres lo que siento y lo que pienso, lo que vivo y lo que sueño, ¿de qué materiales estás hecha? ¿Eres arcilla y cristal?, ¿piel y esencia?, ¿temporalidad e infinito? ¿Quien eres? ¿Mi poema?, ¿mi musa?, ¿tu yo y mi tú?, ¿mirada de ángel y de mujer?, ¿pedazo de tierra y eco y fragmento de cielo?, ¿tu rostro y el mío?, ¿tu nombre y el de ambos?, ¿tú, conmigo?, ¿yo, contigo? ¿Nosotros, en la banca del jardín terreno y en el columpio del infinito?

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De aquellos recuerdos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Los recuerdos son pedazos de nosotros que quedan en los escollos de la memoria, en algún remanso de los sentimientos, mientras navegamos, como las botellas antiguas con mensajes, escritos no sé cuándo, que naufragan solitarias en la impetuosidad del océano. acaso para que alguien las rescate, las abra, se reconozca y le sea posble encontrarse consigo y reconstruirse, justificar los días de su existencia, igual que lo hago, cada instante, al pensar en ti, al voltear atrás y descubrirte en mi historia, en mis poemas, en mis suspiros, en mis detalles y en mis motivos. Recolecto trozos de ti y de mí, como el jardinero que desde el amanecer elige las flores más bellas, cautivantes y poéticas que regala a su enamorada. A veces me pregunto si reúno fragmentos tangibles del pasado con la idea de trasladarlos a mi presente y, así, ilusionado, tenerte a mi lado con los momentos más felices; no obstante, descubro que los capítulos de antaño fueron desmantelados ante la caminata indiferente de los minutos, los días y los años, y que son, exclusivamente, remembranzas. Exploro otras fechas, minutos distantes, en busca de nosotros, y me doy cuenta de que el amor, la vida, el bien y la alegría son ensayo de cada día, y tan es así que nuestros ecos solo son páginas incompletas para recrearnos y asimilar lecciones, porque el hoy es nuestro y es lo que tenemos, dentro de la temporalidad, para vivir y soñar. No es razonable, en consecuencia, regresar al puerto por cuerdas, provisiones y cosas porque significaría enredarse en tropiezos, hundimientos y naufragios. Entiendo que resulta imposible vivir de imágenes difusas. Te traigo en fragmentos del pasado y de los recuerdos con el objetivo de reconstruir nuestra historia; sin embargo, noto que una odisea se experimenta cotidianamente, se construye con hechos y con sueños actuales, aunque después se conviertan en los otros días. Es imposible rescatarnos de aquellos recuerdos tan nuestros si hoy, con su fugacidad, no hacemos de nosotros una historia grandiosa, inolvidable, bella e irrepetible. Te traigo de mi ayer, pero te ofrezco un presente magistral e intenso.

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De usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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De usted, identifico su nombre, sus apellidos y su rostro… oh, y también su alegría, sus palabras, sus silencios y sus ocurrencias. De usted, no olvido que es mi musa cuando la descubro en las rutas del arte, en mis expediciones en busca de inspiración, en las horas y en los días de encuentro conmigo y con las letras. De usted sé, por lo que defino en la lectura de sus rasgos, que su belleza y su encanto no son improvisados, que provienen de su interior y que tienen mucha similitud con la orquídea, el tulipán y la estrella. De usted, no desconozco que ha dado mucho de sí a la gente que ama y que, a veces, por lo mismo, carece de espacio y tiempo para sus aficiones. De usted, no ignoro que cada mañana, al despertar, su amabilidad y su sonrisa brotan y se manifiestan como las gotas de los manantiales, diáfanas y amigables, con un no sé qué que invita a tomar sus manos y cantar, girar dichosos e incansables, sin importar que sea en el césped bañado por la lluvia o sobre una alfombra de hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que el viento de la tarde barre y dispersa con nostalgia por tener que desbaratarlas. De usted, sospecho que, desde la infancia, ya era dama, y tan próximo estoy de comprobarlo, al observarla, al descubrirme en su mirada, al sentirla en mi ayer, en mi presente y en mi mañana, mezclada con mi nombre, que confieso, entre mi asombo y mi locura, que me siento caballero y príncipe cuando actúa con naturalidad y es tan princesa de mi historia. De usted, defino la inspiración de mi arte, de mis letras, y la sé mi musa. De usted, rescato las letras del abecedario, enamoradas entre sí, y escribo un texto poético, una obra en la que percibo su fragancia y me percato de su presencia. De usted, simplemente, acepto y confieso que tengo el alma con sus pedazos, fragmentos suyos que palpo en mí, en mis sentimientos y en mi razón, en la locura que significa amarla. De usted, admiiro que Dios, al decorar el mundo, le haya dedicado las pinceladas que pasó sobre el mar jade y turquesa, en los copos blanquecinos, en la lluvia de gotas de cristal y en los arcoíris que juegan en el paisaje. De usted, es la tinta con que escribo en mis libretas, el perfume de las hojas de los libros y el deleite que siento al amar, al vivir, al saberme temporal e infinito. De usted, sencillamente, está hecha cada una de mis letras, los trazos de mis palabras escritas, la esencia de mis obras. De usted.

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Mi tinta

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Mi tinta, al escribir, es el poema que construyo, en las mañanas y en las noches, en las tardes y en las madrugadas, cuando siento deslizar en mi piel las gotas de lluvia y te miro a mi lado, contenta e irrepetible; es la letra, es la palabra, es mi voz silenciosa convertida en signo, en arte, en texto; es mi vida entera que se vierte en las páginas de un cuaderno que he dedicado a ti, a tu nombre con apellidos, a mi amor que es tan tuyo y se transforma en delirio, en flor, en polvo de estrella. Mi tinta, al inspirarme en ti, me convierte en escritor, en artista, y te transforma en ángel, en musa. Mi tinta, al plasmarla en hojas interminables de papel, es el recuento de mi vida, mis anhelos y mis sueños contigo. Mi tinta, al dedicarla a ti, es nuestra historia, es lo que deseamos vivir, es la promesa y es el regalo, es el mundo y es el paraíso, es la arcilla y es la esencia. Mi tinta, cuando escribo y soy artista, toca a tu puerta -a la del dielo, quizá; a la del mundo, tal vez- con la idea de coincidir contigo, descubrirme en tu mirada y observar tu figura vestida de musa. Mi tinta, al oirme en mis silencios, al callar en mis rumores, te escucha y escribe, enamorada, tu nombre y el mío, nuestros motivos, la locura de un amor que es de ambos y el encanto y la magia entre una musa, un ángel del cielo y del mundo, y un escritor, un artista que, simplemente, vive y sueña enamorado. Tinta, es innegable, que ya viene con mucho de ti y de mí, y que, al plasmar letras y palabras, sentimientos e ideas, deleita con tu fragancia y mi perfume. Mi tinta, al escribir para ti, pronuncia tu nombre y lo funde en el mío mientras hablo y callo una noche de luceros, una tarde de lluvia, una mañana soleada, una madrugada invernal y hasta un mediodía de todo. Mi tinta, mi tinta, somos tú y yo.

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¿Lo notaste?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Tu alma y la mía escaparon anoche, mientras dormíamos, con el anhelo y la ilusión de reencontrarse, como antes, en el remanso de un paraíso? ¿Acaso desataron los hilos temporales y, ya libres y plenas, acudieron a una cita postergada, una y otra vez, por tantos matices que acumulamos durante la caminata terrena? ¿Es, quizá, que se reconocen y se buscan, enamoradas, en el lago de cristal, donde asoman y descubren el encanto de sus sonrisas? Y si es así, ¿te sientes en mí, como yo en ti? ¿Sentiste, anoche, que permanecíamos inseparables, en un tú y en un yo que formábamos sin perder identidad, al lado de cometas y estrellas que ofrecían sus rincones para deleite nuestro? ¿Amaneciste, como yo, con la sensación de que estuvimos juntos, enamorados, en no sé qué paraje, en una vuelta sin final, en las páginas de una historia interminable? ¿Notaste que anoche, tú en tu casa y yo en la mía, ya estábamos unidos en un suspiro, en un palpitar, en un motivo? ¿Qué fue? ¿Un decreto, una realidad, un sueño, un pacto? ¿Acaso nuestras almas, quizá la esencia de un idilio tan cercano a la locura, tal vez más de lo que creemos y pensamos? ¿Qué acontece con nosotros, con nuestras almas, mientras soñamos y jugamos a la vida y al amor? ¿Fue real como hoy lo sospechamos? ¿A dónde conduce tanto amor? ¿Recuerdas que anoche ya éramos agua y éter, luz y esencia, poema y música, tú y yo? ¿Lo notaste?

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A usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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A usted la amo en mayúsculas y en minúsculas, al construir mi poemario, al callar o al escribir tanto, al destilar el abecedario en hojas silenciosas que anhelan y suspiran letras y palabras, un lenguaje apropiado, para hablar y confesarle mis secretos. A usted la siento en mí y creo que hasta compartimos, en algún paraíso distante y cercano, amaneceres y atardeceres, e intentamos, quizá, contar los granos de arena de la playa con la idea de reconocernos en cada esencia y forma, mientras, en el horizonte, el cielo y el océano, enamorados, se besaban despreocupados entre crepúsculos maravillosos. A usted la siento con un tanto de mí, mientras desarticulo los engranajes del tiempo con la intención de regalarle la eternidad. A usted la recuerdo cuando anoto su nombre y también si lo omito. A usted la reconozco durante mis sueños y en mis realidades, en cada flor que admiro, en los colores del jardín y en los perfumes que trae el viento. A usted no la olvido, aunque a veces se encuentre lejos, y la amo en diminutivo y en aumentativo, en presente, en hoy, en ayer y en mañana, en siempre. Pienso que si la atracción que sienten el sol y la luna por la Tierra, es capaz de acariciar los mares azulados, turquesa y jade, hasta provocar mareas, usted, quien me inspira tanto, me estimula a protagonizar una odisea, una historia idílica, magistral e inolvidable. A usted le entrego mi gratitud, en un canto, en un poema, en un texto, por ser quien es, la musa de un artista que la sueña, un escritor que la sabe real. A usted le pregunto si sabe, en este momento de nuestras existencias, que al sentirla y reconocerme en su mirada, ya no espero a alguien más. A usted, simplemente a usted.

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De algún paraíso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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De algún paraíso viene usted, de un edén, quizá, que visité una noche, mientras dormía y soñaba, del que traje pedazos, trozos en los que había flores y olía al perfume que tanto le encanta, fragancia impregnada, parece, con las esencias celestes de la inmortalidad. De algún rincón de mi alma procede usted, creo yo, porque de otra manera no me explicaría cómo es que la siento en mí. De alguna ruta llegó usted, por aquí o por allá, o tal vez ya la traía en mí, o, en todo caso, siempre caminó a mi lado. De algún vergel es usted, probablemente donde habitan las musas, cada una ya con el rostro, el perfil y el nombre del artista al que ha de acompañar. He escuchado que las musas son ángeles a los que Dios da forma de damas -sí, muy en femenino-, con la idea de que uno se inspire profundamente y lo emule, en minúsculas, en el interminable proceso creativo; sin embargo, confieso que desde hace tiempo me siento enamorado de usted. Me atrevo a declararle mis sentimientos para que transite del plano de mi musa de la inspiración de mi arte y mis letras, a la dama de mi vida, al ángel de mi alma. De algún paraíso viene usted.

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Me pregunto

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me pregunto demasiado cuando la miro callada, inmersa en sus cavilaciones, acaso porque me encantaría adivinar que pertenezco a su mundo de ideas y sentimientos, a sus rutas internas, a sus notas musicales, y que soy, en consecuencia, quien la distrae, es decir, su huésped, el yo al que su tú esperó siempre. Me interrogo tanto cuando percibo su alegría y su sonrisa, que hasta creo que sus juegos y sus ocurrencias son por mi causa. Imagino, por lo mismo, que me contempla en el espejo al mirarse, peinar su cabello y maquillar la belleza de su rostro. Me planteo, a cierta hora de la mañana, al despertar, si me descubrió en sus sueños, en sus quimeras, o si, al menos, encontró, en su almohada, el tulipán fragante que le envié en la noche, al pensar en usted y abrazar su alma. Me respondo, entonces, que quizá leyó el poema que escribí mientras usted dormía o tal vez escuchó el soneto que le compuse el otro día. Y vuelvo a inquirir si habrá coincidido, en algún instante del día, con los pinceles, el lienzo, las pinturas y el caballete que preparé con el objetivo de que ambos pintemos nuestra historia, la alegoría de un amor convertido en locura, en ministerio, en colores. Y reflexiono mucho porque hoy, simplemente, deseo saber si usted está dispuesta a seguir el mismo destino conmigo, y, por añadidura, quisiera preguntarle si ya le confesé que la amo.

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Y asomé…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y asomé a mi vida, en la noche, al oscurecer, cuando pensaba que ya no estabas conmigo, y descubrí, inesperadamente, tus huellas en el jardín con olor a tierra mojada, tus pisadas sobre la hojarasca y el aroma de tu perfume. Y miré desde la ventana de mi existencia, hacia dentro y afuera. y te vi, a veces silenciosa, en ocasiones con tu voz, interesada en mí, en el amor que nos convierte en tú y yo, en lo que es tan nuestro. Y abrí la puerta al creer que estarías afuera, acaso con una sonrisa, tal vez con una flor; pero recordé -vaya descuido el mío- que siempre estás adentro, conmigo, y que no espero, por lo mismo a alguien más. Y llegué al balcón de la casa, abrí el ventanal corredizo y observé, maravillado, la pinacoteca celeste con incontables mundos y luceros mágicos que colgaban plateados, y escuché el murmullo de los grillos, el lenguaje del viento al acariciar las frondas de los árboles, los susurros de la vida y de la creación, y, entonces, al voltear a mi lado, te miré y te sentí conmigo. Y así, profundamente emocionado, asomé al infinito, a nuestras almas, y te vi conmigo, inseparable, mecidos ambos en un columpio de orquídeas y tulipanes, elaborado con mucho de ti y de mí.

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Los motivos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te amé cuando te sentí flor y supe que en verdad lo eras, al palpar tu textura y percibir tu esencia. Te amé al soñarte, al asomar a mis historias nocturnas, y descubrirte en la vida, al despertar, en las mañanas y durante los mediodías y las tardes. Te amé desde aquella noche mágica y especial en que imaginé que tú y yo, juntos, podríamos contemplar los luceros que Dios pintó en el lienzo celeste, y luego, al retirarte, miré el polvo de estrella que te rodeaba y desprendías al caminar. Te amé desde la mañana en que asomé al espejo y descubrí, ante mí, tu reflejo. Te amé ese momento en que, al escribir mi nombre, leí el tuyo. Te amé cuando te supe mujer y dama, ángel y musa, esencia y arcilla. Te amé con tus alegrías y tus tristezas, con nuestros encuentros y desencuentros, cerca y lejos, mientras el tiempo, en el mundo, se nos escapaba, en medio de los juegos del amor y la vida que compartíamos y disfrutábamos tanto. Te amé en todo momento, como hoy, durante aquel ayer y el otro mañana, al mismo tiempo que ensayábamos nuestra historia, la epopeya de un romance matizado de colores e impregnado de perfumes. Te amé, no lo niego, al sentirme con una dosis de ti y saberte con otra de mí. Te amé, es cierto, en pasado, y también, no lo niego, en presente y en futuro, simplemente por ser tú, por tratarse de mí, por ambos. Los motivos son detalles que atraen, cautivan y enamoran, y tú eres mi razón.

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