Con las flores y las gotas que recolecto en mi mochila y en mi canasto de artista

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La flor que una mañana, en su cielo, Dios pintó con los matices de su paleta de artista y perfumó antes de plantarla y regar sus hojas, sus raíces y su tallo, asoma un día cualquiera, en el jardín, a la hora que recolecto gladiolas, orquídeas, tulipanes y rosas en mi canasta de escritor, en mi mochila de poeta, con la idea de armar letras con los pétalos y formar palabras dulces. Así es como fabrico los poemas que un minuto y otros más, en cierta fecha -hoy y siempre-, me inspiras. La corriente que serpentea el paisaje abrupto y refleja el cielo y las frondas de los árboles, hasta navegar tonos azulados y verdosos sobre su piel de agua, me regala sus faenas y sus pausas, sus murmullos y sus sigilos, en un acto de correspondencia con la vida, con la naturaleza, para que mis poemas, al entregártelos, te salpiquen gotas diáfanas y comprendas y descubras que el amor se siente y que existen otros paraísos en uno. El viento que sopla y llega de rincones lejanos, de mundos insospechados, lleva consigo, en sus alas etéreas, incontables mensajes, los que te escribo cada momento, cuando pienso en ti y te siento en mí. Los colores de primavera, los perfumes de verano, la música del otoño y los rumores y silencios del invierno, se presentan en mi tintero, en mi libreta de apuntes, en mi pentagrama, en mi lienzo, con el objetivo de fundirse y acompañarme durante mis horas de creación, los instantes de magia e inspiración, cuando la locura de este amor se apodera de mí y escribo para ti. Salto las cercas del paraíso, frente a la casa de Dios, y desprendo pedazos de cielo, ecos y reflejos del infinito, con la intención de que sepas, al recibirlos, que existen un lugar y una inmortalidad para nosotros -los de ayer, los de entonces, los de hoy, los de mañana, los de siempre-, con un tú y un yo muy nuestros.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Sin horarios ni días hábiles

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En el amor, somos tú y yo, nosotros, yo y tú, sin escollos en la senda ni enmendaduras en las páginas de nuestra historia… simplemente, tú y yo con el pulso y la belleza de la vida, yo y tú con la alegría de cada instante, nosotros con el encanto de sentir el palpitar de un día y una noche sin final

En el amor, no me agradan las cercas y las rejas que privatizan los jardines y hacen exclusivos  los alcatraces, las orquídeas, las rosas y los tulipanes, acaso porque me impiden sustraerlos para formar un poemario de colores y fragancias para ti; tampoco me gustan, por lo mismo, los horarios y los días hábiles, quizá por ser aburridos y acentuar el peso de los minutos y el tiempo que no estamos juntos. Otras veces, en cambio, me encanta el vuelo de los colibríes, las libélulas y las mariposas, igual que tu cabello cuando lo revuelve el viento, tal vez porque me invitan a planear contigo suavemente y experimentar las caricias del aire cerca de las nubes rizadas e incendiadas por el sol, entre el mundo y el cielo. Me fascinan la espontaneidad, la risa y los juegos, seguramente porque disfruto la libertad a tu lado, de tal manera que aunque seamos tú y yo, corremos plenos y con identidad por las praderas de la vida. Admito que me encanta trazar caminos, diseñar rutas, inventar destinos, sin duda porque me deleitan los paseos y las sorpresas, los reflejos de los lagos durante las noches estrelladas y las tonalidades de tu mirada, tus labios, tu rostro y tus manos cuando tenemos el atrevimiento de experimentar los días de la existencia para nosotros. Amar significa abrir las puertas del alma y el cielo para derramar burbujas y perpetuar la alegría. No me agradan, en el amor, las cadenas ni los grilletes, ni tampoco las constancias, los documentos oficiales, los trámites y los rituales, probablemente por creer fielmente en la mujer en quien me percibo cuando ella se sabe yo. Guardo, en el amor, los capítulos inolvidables a tu lado, las horas y los días felices, las páginas de nuestra historia, quizá porque evito acumular hojas con borrones y enmendaduras que sólo lastiman cuando se les menciona. Imagino, a tu lado, un mundo mágico, ausente de abismos y fronteras, con puentes y escaleras, lleno de estrellas, arcoíris y perfumes, con tu presencia y la mía entre hojas cubiertas con gotas del rocío, pétalos de colores y cascadas. Es el amor una medida que no conoce el espacio, un delirio que no necesita protocolos, una locura sin final, porque para ti y para mí no existen las barreras ni el tiempo al ser uno en el palpitar de la vida, en el pulso de la inmortalidad, en el latir de nuestros corazones.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Mucho de ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Con la emoción, alegría e ilusión de nuestro reencuentro en algún paraje especial del mundo, me pregunto si a esta hora ya te dije que te amo

Las orquídeas, los tulipanes y las rosas tienen mucho de ti al desprender fragancias de jardines secretos y asomar a la vida con alegría y maquillajes naturales. Las estrellas lucen tanto de ti por su belleza y resplandor que uno, cuando se enamora, admira subyugado y siente en las profundidades del ser hasta que vibra al unísono de la creación y el universo una noche romántica y silenciosa. El follaje simboliza, en cada hoja, tus detalles y virtudes, tus rasgos femeninos, de tal manera que al desprenderlas el viento y mecerlas suavemente, me recuerdan las horas encantadoras y mágicas a tu lado, cuando sonrientes reventamos burbujas de ilusiones para transformarlas en juegos y realidades. La lluvia me recuerda en cada gota los instantes de dicha a tu lado, los momentos compartidos, las horas y los años juntos, la fugacidad y la eternidad para nosotros. Lo charcos, al reflejar el cielo, me enseñan que algo tan pequeño puede contener la grandeza, y en eso he aprendido que al compartir ambos el sueño de la vida, preparamos el sendero a la inmortalidad. El mar, insisto, guarda mucho de ti porque al contemplarlo cada mañana y escuchar los susurros de su oleaje, percibo tu voz, las palabras que cotidianamente pronuncias sin que pierdan encanto; pero también, he de confesar, me insinúa que su parecido contigo es tan grande porque si sus pliegues turquesa embelesan, sus verdaderos tesoros yacen en sus profundidades. El cielo tiene mucho de ti, acaso por mantener un estilo de vida especial, quizá porque de allá vienes, tal vez porque tu forma tan singular propicia que vaya contigo de la mano a fronteras insospechadas que uno presiente en el alma. El amor que recibo tiene todo de ti porque eres tú, nombre de ángel, nadie más, con quien aquella noche de nuestro reencuentro supe que Dios me había entregado uno de los regalos más bellos y sublimes.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Te regalo una flor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te regalo esta flor como anticipo del jardín que prometí para embellecer tu vida

Cuando prometo cubrir las horas de tu existencia con flores, significa que me he propuesto depositar alfombras de pétalos fragantes en tu camino para que al pisarlas, sientas mis caricias y que te cuido y consiento. Pienso dispersar los colores de orquídeas, azafranes y hortensias con la intención de que formen el atuendo que resalte tu belleza y sonrisa. Deseo que cada mañana, al abrir los ojos y mirar el cielo, voltees al jardín y descubras en las rosas blancas y fucsia las gotas del rocío que al deslizar suavemente, se transforman en perlas que atrapo con el objetivo de tejer un collar para ti. Mi plan consiste en colocar en tu almohada fragmentos de eustomas, gloriosas y lirios del valle con la finalidad de que te sumerjas en los sueños más hermosos. Con cada tulipán maquillaré tu alegría, tu rostro de niña inquieta y tierna y tu mirada de espejo. Entre los alcatraces he colocado dientes de león para que te recrees, juegues y retornes a la infancia dorada. Quiero que los filamentos de los dientes de león vuelen cerca y lejos, en el mundo y el paraíso, para que siempre descubramos en cada uno la brillantez de su inocencia. Mi estrategia se basa en jugar contigo entre flores de kudupul para entregarte horas de ensueño, burbujas con ilusiones y tonalidades de la creación. Al ofrecerte que llenaré tu vida de flores, me refiero a que hasta de las gotas de lluvia haré cristales que contengan promesas, sueños, ilusiones, alegría, regalos, sonrisas, realidades y sorpresas. En cada flor que te entregue, recibirás mi amor, mis detalles, mi consentimiento y la ternura de mis besos, siempre con la promesa de que construiré un palacio de encanto y magia, donde jugaremos y reiremos felices entre pétalos fragantes y tersos. Hoy te entrego una flor como anticipo del jardín que prometí regalarte.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright