Mujeres de siempre: Anna Waldherr, dama y escritora, abogada y defensora de los pobres

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley

Nuestra sociedad está enamorada de la riqueza y la fama. Idolatramos a los multimillonarios. Mientras tanto, la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Pagaremos un alto precio por esta inequidad. El talento se desperdicia a medida que aumenta la inquietud. Los demagogos, dispuestos a explotar la división para sus propios fines, incitan a la violencia. A menudo descartamos las vidas de las llamadas personas comunes. Pero la gente común es la columna vertebral de la sociedad. Ellos pelean las guerras, apagan los incendios, dan personal a los hospitales, construyen las casas, cultivan los campos, manejan las fábricas, transportan las mercancías y mantienen todo. desde las alcantarillas hasta las torres de telefonía celular de las que depende la sociedad …” Anna Waldherr

Hay seres humanos que enfrentan, en alguna etapa de sus existencias, historias, momentos, experiencias y acontecimientos desgarradores que, más tarde, tras sus luchas para no permanecer rotos ni sucumbir tras los barrotes y las celdas de sus fantasmas, y sí, en cambio, superar las adversidades y el daño que alguna vez les causaron manos despiadadas, comparten con valentía, a otros, sus lecciones de vida y así diseñan y alumbran rutas para compartir la alegría, los valores, la dignidad, el bien, la verdad, la plenitud y la libertad.

Se trata de hombres y mujeres que sufrieron pobreza, dolor, soledad, abusos e infortunio, y que, lejos de empequeñecer y quedar atrabados detrás de los muros del miedo, desafiaron a los monstruos y las sombras que se les presentaron y repitieron a una hora, a otra y a muchas más, hasta liberarse de ataduras, recuperar la felicidad y la vida que parecían desvanecer y convertirse en seres grandiosos y ejemplares.

Anna Waldherr es, ante todo, mujer y dama, escritora y abogada, y algo más, uno de esos seres humanos extraordinarios que dan de sí y piensan en los demás, en los que sufren, en los pobres, en la gente maltratada. Irradia amor, sentimientos nobles, y aplica sus conocimientos y su experiencia en la justicia.

Reseña que nació en Manhattan y creció en Bronx, uno de los suburbios más empobrecidos de la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos de Noreamérica, en la década de los 50, en el cautivante, grandioso e inolvidable siglo XX. Recuerda que vivía con sus padres en un vecindario de clase trabajadora; pero reconoce, igualmente, que todavía en la actualidad hay zonas, en Bronx, que se encuentran sumergidas en la indigencia.

Envuelta en sus recuerdos y en sus sentimientos, rodeada de sus libros y de sus experiencias, junto a los años que se han consumido, Anna admite que ellos, sus padres, eran inmigrantes, trabajadores y refugiados que se conocieron en un campo de desplazados al concluir, en 1945, la Segunda Guerra Mundial.

Repasa las páginas de su historia, dispersas en los muchos días del ayer, hasta que expresa que sus padres “llegaron a este país -Estados Unidos de Norteamérica- con poco más que la ropa que llevaban puesta. Desafortunadamente, no pudiron terminar su educación debido al conflicto armado” que marcó a la humanidad y destruyó tantas cosas y trajo otras más.

No obstante, sus progenitores trabajaron arduamente y se las ingeniaron para comprar una pequeña casa y adquirir un negocio. Transmitieron a sus hijos “su ética de trabajo, lo cual impulsó mi éxito profesional, igual que el valor otorgado a la educación. Mi padre y mi abuela, en tanto, me transmitieron su fe cristiana”.

Al navegar por las rutas de su memoria, se encuentra a sí misma, con una Anna Waldherr en minúsculas, pequeña, en la primavera de su existencia. Se descubre en la infancia consumida por los días y los años, y habla de lo que para otros, menos fuertes, podría significar quebranto y tristeza, dolor y llanto, malestar e infortunio: “mi padre abusó sexualmente de mí durante toda mi infancia…”

Tras un lapso de silencio, respira profundamente y argumenta: “el abuso sexual terminó en mi adolescencia, etapa demasiado complicada para mí en diversos aspectos, conflicto al que se sumó la ausencia de mis abuelos, cuya presencia en casa, en la vida familiar, “había funcionado como amortiguador. Ya no estaban con nosotros. La ira de mi padre, definitivamente no se contuvo. Aumentó su enojo considerablemente. Nosotros, sus hijos, éramos, en ese momento, lo que se conoce como niños con llave”.

Por lo anterior, Ana Waldherr está convencida de que “los padres y las madres, preocupados y responsables, deben permanecer involucrados en las vidas de sus hijos e informarse acerca de los signos del abuso infantil, cuando desgraciadamente lo hay. Con demasiada frecuencia, los progenitores consienten que sus hijos miren televisión, películas y material en línea, sin supervisión. Los menores acceden a las redes sociales, medio que aprovechan los depredadores sexuales”.

Y agrega la escritora y abogada: “Los niños solitarios son más vulnerables que aquellos que tienen diálogo y relación abierta y permanente con sus padres. Los adolescentes, en tanto, están totalmente expuestos a imágenes sexualmente gráficas e incluso se encuentran en riesgo de intentar la emulación del comportamiento de los adultos”.

Ana Waldherr -la escritora, la mujer, la abogada, el ser humano-, ha acumulado experiencia y conocimiento, y se nota cuando declara que los padres deben elegir con cuidado y responsablemente a los adultos confiables que pueden estar al lado de sus hijos. Y en el caso de las madres solteras, es fundamental que sean más cautelosas. Es prioritario que todo padre y madre permanezcan atentos a las señales de abuso infantil, mantener abiertas las líneas de comunicación con sus hijos, fortalecer la confianza y reaccionar con madurez y sensibilidad si ocurre el acoso o la violación”.

No olvida que, en primer término, las víctimas de abuso infantil deben sentir que no fueron responsables de la violación. Reconoce que con frecuencia, las víctimas sienten culpa y vergüenza persistentes. Es indispensable, en consecuencia, que sepan que no están solos, recomienda.

Denunciante y autora de una diversidad de artículos relacionados con abuso infantil, miseria e injusticias, admite que es común que las víctimas se hayan sentido abandonadas y rechazadas; no obstante, “millones de persomas experimentamos la misma violación, y millones, también, estamos listos para extender una mano amiga. Los sobrevivientes de abuso sexual, generalmente presentan las cicatrices de lo que enfrentaron: ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, disfunción sexual y una serie de afectaciones preocupantes”.

Con un sentido humano, esta mujer de siempre, manifiesta que “las víctimas de abuso sexual no deben sentirse contaminados ni disminuidos. Son dignos de amor y valiosos a la mirada de Dios. Sus existencias pueden resultar significativas. Uno entiende la ira que sienten por el abuso. La amargura no es una estrategia últil a largo plazo; al contrario, resulta corrosiva para todo ser humano. Esas personas merecen algo mejor”. Recuerda al poeta George Herbert, quien escribió “vivir bien es la mejor venganza”.

La maestría existencial tiene un precio. A veces hay que pagar el costo de la experiencia y del conocimiento, las lecciones por las que uno pasa, y así es ella, Anna Waldherr, una dama, una mujer, un ser humano firme y sensible, dedicada al bien, preocupada por los que sufren, dispuesta a ayudar.

Opina que los otros, “los abusadores, anteponen sus propios deseos egoístas, sus apetitos, a los derechos y a las necesidades de los niños. Y no es de extrañar que amplio porcentaje de tales personas, también hayan sido violadas en algún momento de sus existencias. Evidentemente, esto no significa que los sobrevivientes de abuso sexual estén destinados a convertirse en violadores. De hecho, la mayoría de quienes han sufrido abusos, nunca los cometen”.

Lamenta que los seres humanos tiendan a repetir patrones familiares. “La ausencia de buenos modelos a seguir, exacerba el problema”, asegura la especialista, quien invita a los adultos, una y otra vez, a permanecer en comunicación con sus hijos, establecer canales de diálogo, y ofrecerles toda la confianza.

Y agrega, preocupada y reflexiva: “la motivación de la gente que comete atrocidades e injusticias contra los demás, varía de acuerdo con la clase de maltrato infantil, que lo hay por negligencia, sexual, fisico, emocional. Muchos de quienes enfrentan maltrato físico o emocional, desahogan sus frustraciones y sentimientos de impotencia, lo cual, por cierto, no justifica el abuso. De hecho, existen formas y mecanismos más saludables y apropiados para que los adultos se estabilicen y sanen, en la medida de lo posible, sin que descarguen su ira contra los niños indefensos”.

Autora de dos libros y fundadora de un par de blogs, Anna habla con mortificación de aquellos seres humanos que padecen y opina que “la negligencia puede resultar de narcisismo, depresión severa y/o consumo de drogas. El abuso sexual es otro tema. Algunos abusadores de niños se engañan a sí mismos al manifestar que, simplemente, están instruyendo a un pequeño en el sexo y que la violación a un menor es en realidad un acto amoroso. Nada más lejano de la realidad. Otros más son sádicos sexuales, cuyo placer se centra en destruir la inocencia de un niño”. Todo es aberrante en esa clase de depravados.

Considera que “los depredadores son más que culpables y, en consecuencia, no escaparán a la justicia de Dios, en este mundo o al morir. Esto puede sonar duro, pero creo y respaldo la castración química de los depredadores. La Psiquiatría no ha demostrado una eficacia absoluta en muchos casos. El impacto del abuso sexual en los niños, suele ser devastador y puede durar toda la vida, motivo por el que es fundamental tomar medidas estrictas para evitar que los depredadores sexuales interactúen con los infantes”.

De hecho, la escritora, abogada y defensora recomienda que “a los depredadores sexuales se les impida el empleo con los niños o cerca de ellos, y menos se les debe autorizar vivir próximos a escuelas, centros de cuidado infantil u otros espacios donde se reúnan menores de edad”.

Anna Waldher, mujer con autoridad en los temas que expone, piensa que, “como sociedad, debemos presionar con el objetivo de lograr regulaciones y sanciones más severas contra los abusadores y traficantes. Debemos destinar fondos suficientes a la aplicación de la ley y a los servicios sociales. Es preciso enjuiciar a los abusadores sin diferencia a la riqueza o posición”.

Y dice: “ciertamente, se pueden implementar salvaguardas. Los controles de empleo se deben ejecutar en posibles contrataciones; las puertas de la escuela se pueden mantener cerradas. Los niños pueden recibir instrucción sobre la seguridad corporal y la denuncia de abusos, entre otros temas que refuercen su integridad. El mal, sin embargo, comienza en el alma. Solo si los corazones se vuelven nuevamente hacia Dios, podemos esperar que disminuya el abuso infantil. La resiliencia puede, hasta cierto punto, ser innata. También implica una elección la determinación de seguir adelante, a pesar de los obstáculos. En mi caso, admito que, efectivamente, el amor -especialmente de mi madre, mis abuelos y mi hermana- fue un elemento clave para mí. También recibí esperanza y aliento de los libros”.

Anna Waldherr ama la vida, protege a los débiles y a los que sufren, deja huellas de bien, y así, acaso sin darse cuenta, se transforma en una mujer de siempre, en un ser humano extraordinario, inolvidable y valioso. Sabe que “cada niño es único. El trabajo escolar de la mayoría de los niños sufrirá en la medida que enfrenten abuso o descuido. Algunos, sobresalen en la escuela, a pesar de los abusos”.

Es verdad, asegura la especialista, que “incontables niños abusados, encuentran consuelo en la fantasía, la música, el arte, la naturaleza o los deportes. Algunos son más capaces que otros al compartimentar el abuso y continuar con sus vidas. Infortunadamente, los efectos del abuso, finalmente surgen. En mi expereiencia personal, el asesoramiento fue importante para enfrentar los efectos de una situación tan negativa. Lo recomiendo mucho. Me fue útil lo que llaman desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular. Evidentemente, los antidepresivos son otra opción, pero estos medicamentos tan potentes suelen provocar efectos secundarios negativos. Deben tomarse con precaución y bajo supervición médica”.

Habla. Responde preguntas. Reflexiona. De memoria ágil, explica pausadamente que “escribir es tanto un medio para aclarar mis sentimientos como para expresar mis pensamientos. Siempre me han gustado los libros, por lo que escribir fue algo natural en mí desde una edad temprana. Cuando era niña, disfrutaba escribiendo asignaciones; posteriormente lo hacía en un diario. Como adulto, escribir fue una parte integral de mi trabajo como abogada”.

Agrega: “publiqué dos libros: The Rose Garden – A Daughter’s Story, sobre el abuso que sufrí y mi recuperación, y un evangélico de izquierda sobre la política de la religión y el lugar de la fe en la vida pública. Desafortunadamente, mi editor enfrentó un quebranto y los libros ya no se imprimen. Quería compartir las lecciones de mi abuso con otros sobrevivientes”.

También deseaba expresar mis preocupaciones sobre la pobreza y los asuntos de conciencia. Por esa razón, tengo dos blogs: A Voice Reclaimed -https://avoicereclaimed.com, que trata acerca del abuso, y A Lawyer’s Prayers -https://alawyersprayers.com-, que aborda la religión, la política y los problemas de justicia social. Bloguear me ha dado la oportunidad de conocer a sobrevivientes de abuso en todo el mundo. Son un grupo notable: hombres y mujeres que triunfaron sobre un sufrimiento insoportable cuando eran niños, y que estaban traumatizados en un nivel profundo, pero prevalecieron. Los supervivientes de abusos han tenido éxito en todos los campos de la actividad humana. Un número sorprendente, encuentra una salida a su dolor en la creatividad. Su fuerza y ​​coraje son una inspiración”.

Busca en las profundidades de su memoria, en su historia, en la biografía que le corresponde, en los confines de su alma: “practiqué la abogacía durante 25 años, hasta que mi salud falló. Inicialmente, me convertí en socio de una empresa privada, en un corporativo; luego, gestioné oficinas legales y supervisé litigios en toda la geografía de Estados Unidos de Norteamérica. No obstante, me siento muy orgullosa de haber cofundado una clínica legal gratuita para los pobres. La injusticia me preocupó desde que era niña. Desafortunadamente, encontré que el trabajo, en nombre de los niños maltratados, me volvía a traumatizar, y no pude seguir adelante. En cambio, mi práctica se centró en lesiones personales, incluida la negligencia médica, la responsabilidad por productos y los litigios por agravios tóxicos”.

Es humana, es dama, es mujer. Reconoce que “cada uno de nosotros recibe dones únicos de Dios. Si bien la cultura no siempre ve a hombres y mujeres como iguales, Dios sí. Eso debería animarnos a encontrar oportunidades para usar nuestros dones. Me estoy acercando a los 70 años de edad. En estos días, paso tiempo con familiares y amigos, sirvo a mi iglesia y apoyo un centro local de defensa de los niños. Más que cualquier otra cosa, la felicidad y el bienestar de los seres queridos me hacen dichosa; pero me siento profundamente agradecida cuando algo que he escrito toca o ayuda a un lector”.

Indica que “como cristiana que soy, creo en la Regla de Oro, que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran. Si todos viviéramos de acuerdo con ese estándar, éste sería un mundo mejor. Sin embargo, solo cuando Cristo regrese, dejará de ser una utopía. Los seres humanos, por supuesto, ocupan las necesidades básicas de la vida: comida, ropa, refugio. Más allá de eso, las cosas materiales no pueden proporcionar una felicidad duradera. Para ser verdaderamente dichosos, los seres humanos necesitan dar sentido a sus vidas. El psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, Viktor Frankl, escribió en Man’s Search for Meaning, que el amor, el trabajo y el sufrimiento pueden dar sentido a la vida. Agregaría fe a esa lista. Hay un vacío con nosotros que solo Dios puede llenar”

“Nuestra sociedad está enamorada de la riqueza y la fama. Idolatramos a los multimillonarios. Mientras tanto, la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Pagaremos un alto precio por esta inequidad. El talento se desperdicia a medida que aumenta la inquietud. Los demagogos, dispuestos a explotar la división para sus propios fines, incitan a la violencia. A menudo descartamos las vidas de las llamadas personas comunes. Pero la gente común es la columna vertebral de la sociedad. Ellos pelean las guerras, apagan los incendios, dan personal a los hospitales, construyen las casas, cultivan los campos, manejan las fábricas, transportan las mercancías y mantienen todo, desde las alcantarillas hasta las torres de telefonía celular de las que depende la sociedad. Se necesita una enorme devoción para realizar un trabajo ingrato, año tras año, para alimentar y vestir a una familia. Hay pocos aplausos para ese tipo de sacrificio. Pero Dios reconoce su valor. La Biblia nos dice: así que los postreros serán primeros, y los primeros postreros (Mateo 20:16). Al final, la balanza de la justicia se equilibrará. Hasta entonces, debemos luchar por la justicia y la igualdad en un mundo imperfecto”, concluye la plática.

Anna Waldherr cierra, por el momento, el libro que contiene las páginas de sus reflexiones, su vida entera, con la historia que le ha tocado protagonizar, con lo que ha aprendido y experimentado, y con lo que comparte, principalmente, a favor de los que menos tienen y más sufren. Y eso, sencillamente, es ser grandioso y, por lo mismo, una mujer de siempre.

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  • Agradezco a Anna Waldherr la confianza que ha tenido en mí al autorizarme una entrevista sobre su vida. Es una dama honesta y valerosa que comparte sus experiencias infantiles y aporta consejos, experiencia y conocimientos a favor de quienes han sufrido abuso infantil. Gracias, Anna, por ser quien eres. La humanidad necesita personas como tú, siempre dispuestas a ayudar a los pobres y a los que más sufren. Tienes mi amistad, gratitud, admiración y afecto. Gracias por sr quien eres, una mujer de siempre.

Y un día, entendí…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Y un día, a cierta hora, cuando regresaba a casa, me di cuenta de que la vida es breve y no tiene caso desperdiciarla en tristezas ni en desamores, y menos en causar daño a otros. Y un día, mientras recapitulaba los días de mi existencia, comprendí, finalmente, que los apetitos desmesurados, las estupideces, las apariencias, las superficialidades y la ausencia de sentimientos nobles, son barnices corrientes y baratos que caen fácilmente y descubren a la gente enferma e incompleta. Y un dia, en determinada fecha, aprendí que nadie se llevará, al partir y finalizar su jornada terrena, su riqueza material, el poder y la fama, porque lo que da balance y sentido al ser es el bien que se hace a los demás, la expresión de sentimientos e ideas sublimes y la realización de actos buenos y superiores. Y un día, al transitar entre las cimas y los abismos, me percaté de lo importante que es dejar huellas indelebles para que otros, los que vienen atrás, las sigan y no se extravíen. Y un día, en medio de un destino incierto, aprendí amor, la verdad, el bien, la justicia y la libertad salvan de la esclavitud y de la muerte. Y un día, me enteré de que al otro lado, tras el umbral, hay un mundo de ensueño para aquellos que entienden el significado de la vida.

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Una mujer, una dama, una madre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Una mujer es un encanto; una dama, un estilo, una flor, un deleite; una madre, el paraíso en el mundo, el cielo infinito, el regazo amoroso. Una mujer es belleza, talento e inteligencia; una dama, en tanto, lo posee todo, y es esencia y arcilla; una madre, por añadidura, consagra su existencia a sus hijos y los enseña a volar libres y plenos, en un espacio dedicado al bien y a la verdad. Una mujer es la flor que exhala su perfume y regala sus colores y texturas para alegrar a la gente, a las criaturas del mundo; una dama es la orquidea y el tulipán que evocan el vergel infinito; una madre es la rosa con sus pétalos mágicos, y también el tallo con espinas que a veces desgarra y la raíz que busca nutrientes con el objetivo de compartirlos a sus descendientes. Una mujer es bella y maravillosa; una dama, música y poema; una madre, simplemente, el calor y la sonrisa de Dios. Una mujer es un ser humano grandioso en femenino, lo mismo si se le descubre en minúscula que en mayúscula; una dama es un ángel inolvidable; una madre es eso, una criatura a la que Dios encomienda el prodigio de la vida. Todas -mujeres, damas y madres- son admirables y merecen amor y respeto. Hoy, sencillamente, mis letras pronuncian el concepto de madre, acaso por tratarse de una fecha de celebración, probablemente por recordar a la mía y a todas las de mi familia y a las que he encontrado durante mi caminata, quizá por el significado tan especial y sublime que tienen, seguramente por ser las criaturas amadas y consentidas de Dios, tal vez por eso y más.

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https://seniorenumdiewelt.wordpress.com/2021/05/10/una-mujer-una-dama-una-madre/

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Y que no transcurra un día con más cargas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Fúndanse con la vida. Sean uno con la lluvia, con los arcoíris, con las cascadas, con el oleaje, con las flores, con los helechos, con el follaje. No desperdicien los días de la existencia en el mal. Recuerden, cada día, dar de sí, hacer el bien, difundir la verdad y luchar por la justicia y la libertad. No duerman sin antes asegurarse de que todos, a su alrededor, comieron y poseen una cobija. Jamás sean sordos ante quienes necesitan que alguien los escuche, ni nieguen sus consejos a aquellos que requieren palabras de aliento. Nunca, por ningún motivo, carguen con el peso de la culpa. Ayuden, den de si, hagan el bien. El amor, los sentimientos, la inteligencia, las palabras, los actos, la riqueza material y las cosas no solamente pertenecen a uno, porque son para el bien que se pueda hacer a los demás. principalmente a los que más sufren, a quienes se encuentran atrapados tras los barrotes del infortunio, a los desposeídos, a los enfermos. Que no transcurra un día con más cargas negativas que positivas. La luz disipa las sombras.

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¿Qué me falta, qué me sobra?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Quiero, al final de mi vida, compartir la alegría, los colores y las notas de una historia grandiosa e inolvidable, el encanto de un paseo por el mundo, el deleite de explorar todas las rutas y la emoción de volar libre y pleno. Deseo, al término de mi jornada terrena, saberme aliado del bien y de la verdad, ausente de cargas innecesarias, lejos de futilezas y cercano al amor infinito. Anhelo, al escribir la página postrera, que mis letras y mis obras justifiquen mi estancia en algún rincón terreno. Pretendo, al concluir mis realidades y mis sueños, despertar en otro sitio, mirar y abrazar a quienes tanto extraño y esperar a los que amo demasiado. Me pregunto, a veces, cuando despierto temprano o antes de dormir, ¿qué me falta y qué me sobra para sentirme contento y satisfecho con mi biografía? No me gustaría partir con la idea de que fracasé y tuve miedo, y menos sentirme atado por enojos, superficialidades, estulticia, ambición desmedida, apetitos descontrolados, rencores, odio y perversidad que desdibujan la alegría de vivir, los sentimientos nobles, la inteligencia y los detalles. Necesito seguir el camino, la ruta que he trazado, y recolectar los materiales que ocuparé al caer la noche. Las fechas son inciertas. Desconozco el día y la hora de mi cita en la última estación. Aún poseo el encanto de desconocer el instante de mi último suspiro. Quiero, al despedirme, voltear atrás y descubrir que unos y otros me recuerdan por el amor que les di, por las huellas que marqué, por el bien que hice,, por el conocimiento que dispersé y por las piedras, los abrojos y las enramadas que retiré del camino. Todavía debo enmendar guión. Deseo encontrar un paraje, un sitio especial, un refugio infinito, para reunir a todos los personajes de mi historia, a la gente que he amado, y ser uno con ellos., sentirlos conmigo y navegar por las aguas etéreas de la inmortalidad.

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Y una mañana, al despertar…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Y una mañana, al despertar, la vida saluda con sus formas, sus colores, sus fragancias y sus sabores, y una tarde o una noche, a cualquier hora, envía a la tempestad y al viento, desafiantes, que tocan a la puerta y los cristales de las ventanas, simplemente con el objetivo de recordar que los instantes son breves y que las estaciones no perduran. Y una mañana o al mediodía, uno admira, en el espejo, la belleza y la juventud de su semblante y la fortaleza de sus músculos; pero una tarde o una noche, las imágenes son otras, con manchas y ranuras, totalmente envejecidas. Y un día, al amanecer, después de tanto vivir -intesamente o algo tan insulso-, uno empieza a sospechar que, tal vez, no se presente el anochecer o no haya más auroras. Y un día, uno abre un paréntesis y reflexiona, probablemente con la idea de que aún no ha cumplido su encomienda y, en consecuencia, faltan detalles de amor, proezas de bien, o, al contrario, con la necedad de que no importan la nobleza del ser ni la luminosidad de la esencia, y concluye la estancia y el paseo por el mundo. Y una mañana o una noche, cualquiera que sea, no importa la edad, uno voltea atrás y descubre rastros de su biografía -buena o mala- y llora y lamenta los minutos y los años perdidos en mentiras, simulaciones y estulticia, con la convicción, acaso tardía, de que apenas alcanza la vida para reír o llorar, gozar o sufrir, trascender o morir.

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Excursión interior

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Basta sumergirse en las profundidades del ser. entre sus compañías y sus soledades, sus murmullos y sus silencios, para descubrir la maravilla incesante de la vida y sentir la corriente etérea que proviene de una inteligencia suprema, de una fuente infinita, conectada al alma, vinculada a todo. Uno, tras su búsqueda, coincide con el bien el y el mal, donde no existen ayer, hoy y mañana por ser un siempre incomprensible y la luz inextinguible que da todo al caminante sincero. Cada uno es responsable de su frecuencia vibratoria. Existe libertad de elegir el bien, la luz, o el mal, la oscuridad, con las consecuencias implícitas en cada una, Uno, después de todo, diseña y fabrica su cielo o su infierno. Al sentir las caricias del viento que balancea las ramas de los árboles y mece las hojas, al percibir el encanto de los colores de la naturaleza y al percibir la belleza y los perfumes del cielo y las estrellas, uno agradece tanto bien y abre las puertas del ser. Con asombro y totalmente cautivado, admiro desde lo más minúsculo hasta lo de mayor dimensión, y agradezco a la inteligencia suprema e infinita ser parte de su amor eterno. ¿Existe mejor oración que sumergirse en las profundidades del alma, fundirse con el pulso de la creación y descubrir a Dios para admirarlo en su plenitud y agradecer tanta bendición, y regresar al mundo a derramar el bien?

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Encomienda

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las flores, en el jardín, nacen y mueren. La gente, en las casas, en los sitios de encuentro, en las calles, inicia sus propias historias y también las concluye en algún momento. Los segundos y las horas, los días y los años, se mezclan con las auroras y los ocasos. Nada es permanente en este plano. Muchas veces, al asomar desde la ventana, he descubierto a la vida y a la muerte, cada una en un sentido, o juntas, tocando a las puertas, a las biografías, mezcladas entre personas que van y vienen. En ocasiones, cuando las miro pasar cerca, voltean y me observan momentáneamente, y continúan entregadas a su tarea, a su misión, a su encomienda. Es inevitable coincidir con alguna, principalmente cuando la gente desafía al tiempo o ya carga tanta historia. Al no anunciar sus visitas, he pensado que cualquier día, a cierta hora, podrían llegar a mi taller de artista. Es el motivo por el que me pregunto si realmente me agrada quién soy y lo que he hecho desde que nací hasta el minuto presente. Me reviso constantemente con la idea de dar respuesta a mis interrogantes. ¿Me gusta quién soy? ¿Me cautiva mi biografía? ¿Me enorgullece mi trayectoria existencial? Oh, tengo que salir a los hogares, a las calles, a todos rincones del mundo, con el objetivo de saludar a la gente, sonreír, expresar mi amor, dar lo mejor de mí a los demás, escuchar, pedir disculpen mis errores, aconsejar. Aún no he escrito mi obra más excelsa, pero tampoco he derramado tanto bien y conocimiento a los otros, a quienes me rodean, a los hombres y a las mujeres, en minúsculas y mayúsculas, que necesitan palabras de aliento, instantes de atención, medicina, sonrisas, alimentos, una mano y otra más que los sostenga y rescate de su fatal caída, detalles que les devuelvan la fe y la esperanza. Interrumpo mis cavilaciones porque, al observar a la vida y a la muerte tan próximas y entregadas a sus labores, entiendo que mi biografía no está completa ni soy el hombre cautivante, ejemplar e inolvidable que supuse. Estoy incompleto en una época en que aumentan las listas de ausencias y faltan, por lo mismo, entrañables presencias. Tengo, ante mí, el desafío de moldearme como lo soñé.

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Hay algo mágico

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay algo mágico en los perfumes de las plantas y las flores, un deleite incomprensible en las cortezas y en las hojas de los árboles, un éter indescriptible en los ríos que fluyen incesantes, un ambiente que cautiva en las auroras y en los ocasos. En cada expresión -un tronco, una piedra,, un helecho, granos de arena, copos de nieve, gotas de lluvia, nubes, relámpagos, tierra- descubro y percibo el sentido de la vida, el pulso de la creación, el bien que surge de alguna fuente infinita y lo dispersa en formas, perfumes, policromía, sabores. Existe algo sustancial que pulsa en uno, en los demás, en cada manifestación, en todo. Uno, al despertar en el mundo, se distrae con la belleza de la superficie, con las apariencias, y olvida, en consecuencia, su origen, el paraíso de donde viene, con sus encantos perdurables y ese sentido prodigioso que late en el alma y en cada ser. La maravilla de la vida está presente en uno y en todo lo que le rodea. Solo hay que encontrarla. Todavía existen rutas y tesoros ocultos en el interior y afuera, aquí y allá. El portento de la vida inicia cada amanecer y no concluye al anochecer porque es permanente, magistral e imperturbable. Siento asombro, en verdad, por la esencia y por la arcilla, por la vida que se expresa en todo y conecta a rutas y sentidos infinitos.

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Lo sabemos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Lo sabemos -por experiencia y por las horas y los años que se han consumido a nuestro lado-. la vida se desvanece y solo quedan suspiros y añoranzas que más tarde, al atardecer, el viento dispersa entre las hojas secas que se mezclan con el olvido. Lo sabemos -y no conviene que la desmemoria aparezca-, la existencia es un lapso muy breve de conciencia en el mundo, que ofrece, en sus instantes de destello, la fortuna de amar, sonreír, dar lo mejor de sí a los demás, ser intensamente dichosos y volar libres y plenos. Lo sabemos -jamás, por ningún motivo, lo olvidemos-, desde el cunero hasta los instantes previos al sepulcro, tenemos la maravillosa oportunidad de crecer, probarnos y evolucionar. Lo sabemos, la jornada existencial es tan breve, que apenas alcanzan los días para convertirnos en protagonistas de una historia cautivante, esplendorosa e inolvidable, o de un libreto contradictorio, triste y sucio. Lo sabemos -y hay que dedicar mucha atención-, la vida, en el mundo, es dual, ofrece claroscuros, contrastes suaves e intensos, un sí y un no, y la sabiduría consiste en experimentarlos con maestría e inteligencia, de manera que en un equilibrio integral, no enloquezcamos por el júbilo desbordante de algunos ciclos ni nos sepultemos, antes de morir, por el dolor y la tristeza de ciertos períodos. Lo sabemos, no tiene sentido atorarse en la orilla de la corriente, donde el agua se estanca y pudre junto a las ramas secas en lo que otrora fueron remansos alegres. Lo sabemos, con frecuencia confundimos la esencia de la vida y abrimos grandes paréntesis existenciales con la idea de dedicarlos a asuntos baladíes, apetitos pasajeros, ambición desmedida y sentimientos negativos. Lo sabemos, la vida es para experimentarla en armonía, con equilibrio y plenamente, con la alternativa de multiplicarnos en el bien y atraer, así, la felicidad. Lo sabemos, la oportunidad de vivir y hacer algo grandioso por uno y los demás, a través de pequeños detalles cotidianos, es hoy, el minuto presente, porque dejarlo para más tarde u otro día, significará bajar las persianas y negar la posibilidad de que la luz solar penetre a nuestra habitación. Lo sabemos, es algo tan sencillo y complejo, a la vez. Lo sabemos desde que venimos y al marcharnos, aunque finjamos desconocerlo o lo cambiemos por otros rumbos y destinos. Lo sabemos, la vida, en este plano, es temporal. Lo sabemos.

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