Estación intermedia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Somos vida y sueño. Venimos de un mundo prodigioso y vamos a un plano mágico. Estamos temporalmente en una estación intermedia, en un puente, en algún paraje de la senda. Este es el paisaje de nuestro itinerario. Es nuestra realidad. Aquí estamos, en medio de la vida, ante cumbres y precipicios, cada uno con el equipo de experiencias pasadas, con las provisiones que dispusimos para la travesía presente, con las luces y las sombras de lo que somos y de los ciclos que protagonizamos. De cada uno es responsabilidad definir el destino y la ruta, construir puentes y escaleras, ir a la cima, donde aparecen los amaneceres, o descender e internarse en la penumbra de los abismos. Durante la caminata, cada ser humano tiene oportunidad de enfrentar experiencias, asimilar lecciones, medirse y evolucionar, o permanecer atado a los grilletes de la mediocridad o del mal y resbalar irremediablemente. Las estaciones intermedias son eso, la mitad o el final del camino, con tiempo para corregir el sentido de la vida. Son definición y paso hacia un destino. La bitácora de viaje se escribe cada día, y hay unas muy intensas, plenas e interesantes, y otras, en cambio, mediocres, negativas y rutinarias. La bitácora describe los capítulos y detalles que se experimentan durante el paseo; aunque también revela, al final, la personalidad y el destino del viajero.

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Viajé en ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tenía necesidad de pararme frente a ella, mirarla con embeleso y pronunciar dos palabras: te amo. La abracé en silencio, prolongadamente, como si al unir los latidos de su corazón a los del mío, hubiéramos acordado pasear por las rutas de la vida para llegar, finalmente, al itinerario trazado, a un mundo mágico. Todo comenzó un día, sin darnos cuenta, porque el amor es eso, un destino, una historia, tú y yo

Seguí la ruta de tu rostro con la idea de conocer tu perfil, deleitarme con tu fragancia, recorrer tus facciones, asomar a tus ojos y mirar por ti un rato o una eternidad, no lo sé, como ven los ángeles. Hice escala en tus labios para besarte, reconocer tu sabor y llevarlo siempre conmigo. Seguí por recodos que me condujeron a tus mejillas con el objetivo de sentir tu piel lozana y cautivarme con tu belleza natural. En el mismo viaje, uní tus manos a las mías para sentirte conmigo. Comprobé, al tomarlas, que no poseían adornos artificiales porque su vocación es de servicio y trabajo productivo; además, saben acariciar y están acostumbradas a dar. Excursioné hasta las rutas de tu interior y así llegué a tu ser, a tu alma, donde me reconocí y descubrí tesoros y la luz que ilumina, cuando te miro, tu semblante femenino. Visité la morada de tu razón y la mansión de tus sentimientos., y quedé maravillado. Tras concluir el recorrido, decidí quedarme en ti no como  forastero ni huésped ocasional, sino toda la vida, con sus luces y sombras, para prolongar la estancia hasta la inmortalidad. Y es que al identificarme en ti, te sentí en mí y comprendí que somos compañeros de viaje. Por cierto, en la estación donde nos encontramos y a esta hora, ¿ya te dije que te amo?

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Paseo interminable

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… me di cuenta, entonces, de que por alguna causa mágica y sutil coincidimos en una estación en la que sin perder rasgos e identidad, ella ya estaba en mi morada y yo en la suya. Le pedí que sonriera porque la nuestra no sería una relación pasajera, caprichosa o provisional. El nuestro, definí, es un amor para hoy, mañana y siempre, aquí, en el mundo, y allá, en el plano etéreo donde el principio es fin y el ocaso, en tanto, aurora. La abracé en silencio, prolongadamente, hasta que ambos sentimos en nuestro interior las ráfagas de la inmortalidad. De pronto, abrimos los ojos y ya estábamos en los jardines del mundo y en los paisajes del cielo

Al confesar mi anhelo de compartir los días de la existencia contigo, me refiero, precisamente, a excursionar en los instantes, hacer parada en los momentos felices y dejar atrás las estaciones desoladas y sombrías con sus minutos de desventura, siempre juntos, con la alegría de sabernos parte uno del otro, de tal manera que las luces y las sombras no confundan ni distraigan nuestra senda porque sólo son eso, una dualidad, el sí y el no de la vida, para probarnos durante la jornada. Mi invitación es una carta abierta, un sobre con los boletos a la ruta interior y a los confines del mundo y el universo. Te propongo pasear por la vida y recrearnos y ser dichosos en los parajes y escondrijos que ofrecen las vivencias, los sueños y las ilusiones, en la temporalidad y en los planos de la inmortalidad. Cada día, acaso sin percibirlo, hemos construido una historia, un guión que te inserta en mí y me incluye en ti, hasta envolvernos en una nube de colores inimaginables que a ambos transporta a la maravillosa aventura de la existencia. Más allá de los asuntos mundanos con sus claroscuros, quiero pasear contigo, reventar las burbujas de ensueño, recibir y empaparnos con las gotas de una lluvia de fantasías, saltar a los planos de la realidad con sus valles, abismos y cumbres, y conquistar otros planos. La vida es una expedición con alegrías y tristezas, risas y llanto, cunero y tumba, elementos inevitables, es cierto, en el itinerario que conduce a otros horizontes más plenos. Es aquí y allá donde pretendo llevarte, tomada de la mano. Quiero que caminemos hasta la línea que parece definir la frontera entre el mundo y el cielo, para darte un beso y seguir nuestra travesía. La vida, en el amor, es un viaje interminable.

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Paseo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Contigo, la vida es paseo, detalle, alegría, recreo, poema, ilusión…

¿Y si hacemos de nuestras vidas un paseo interminable? ¿Y si al viajar por el mundo, aprovechamos todos los instantes para reír y ser felices? ¿Y si en una estación y en otra beso tus labios para llevar tu sabor y fragancia durante la travesía, y te cedo el asiento para presumir que eres una dama? ¿Y si durante nuestra estancia en una aldea, un pueblo o una ciudad, bebemos café, probamos vino y comemos queso mientras leemos un poema, escuchamos música, escribo palabras románticas para ti en una servilleta, remamos en un lago o planeamos alguna travesura? ¿Y si entre una ruta y otra, entramos a una boutique y te pruebas un vestido que no comprarás o te colocas unas botas de hule que posteriormente tendré que ayudarte a zafarlas, casi hasta jalarte por el sillón, entre bromas y risa? ¿Y si en la campiña elijo alubias o chícharos para formar tu nombre y las letras que expresen mi amor por ti, y luego los guisamos y comemos? ¿Y si esperamos el anochecer en una banca de hierro o piedra, junto a una fuente, y salpicamos nuestros rostros de gotas, mientras cantan los grillos y las cigarras? ¿Y si aguardamos hasta la aurora, tras una noche de constelación y velas románticas, para arrancar el amarillo, naranja y dorado que asoma entre las montañas, en el horizonte? ¿Y si raptamos horas al reloj para acumularlas a nuestro favor? ¿Y si ingresamos a una librería, compramos una obra y al leerla detectamos que se trata de nuestra historia? ¿Y si en algún rincón del mundo decidimos cancelar los boletos y adquirir otros a un rumbo desconocido? ¿Y si cada día, durante la excursión, te declaro mi amor? ¿Y si después de tanto andar, llegamos a la orilla del mundo, donde inicia el cielo, y saltamos a la corriente de agua etérea, entre nubes de matices sutiles? ¿Y si descubrimos, finalmente, que la ruta del amor es eso, un itinerario a los sentimientos, detalles, promesas, regalos, ilusiones, sueños y realidades? ¿Y si comprobamos que el amor somos tú y yo, la musa y el amante de la pluma?

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