Y nunca lo olvides

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y nunca lo olvides, cuida y valora a tu familia, a tu pareja, a la gente que amas, como la bendición y el tesoro más grande de tu vida y de tu alma. Son un regalo invaluable. No los descuides ni los exhibas como mercancía. En la época actual de peligro, superficialidades, violencia y mal, jamás salgas a la calle con tu corazón porque alguien podría causarle daño o robarlo. Eso significa que no hay motivos para cargar retratos ni detalles que delaten tus sentimientos cuando andes en los espacios públicos, donde los ambientes son nocivos y la gente se lastima y se odia. ¿Se los mostrarías a alguien indigno de confianza? ¿Presentarías, indirectamente, a tus seres queridos a hombres y mujeres desconocidos? ¿Es necesario portar fotografías para recordar a quienes amas? No vivas con temores y dedícate a hacer el bien, a tratar correctamente a las personas, a mantener la honestidad, el respeto y la justicia en todos tus sentimientos, palabras, ideales, pensamientos y acciones; pero no abras puertas innecesarias porque alguien más podría entrar como invitado indeseable. No muestres tus sentimientos familiares a personas extrañas porque, finalmente, se transformarán en debilidades. La familia y la gente que amas no son mercancía que se exhiben o se presumen en espacios públicos y en redes sociales. Cada uno merece atenciones, respeto y cuidado. Las bendiciones y los regalos de la vida no son ofertas ni necesitan difundirse entre desconocidos. No son diseños para aparadores y vitrinas superficiales, donde cualquiera puede manosear lo que más se ama. El amor a la familia, a la pareja, a las amistades auténticas y especiales, no necesita demostrarse a la gente que no es cercana a ti, y menos a aquellos que son proclives a ambiciones desmedidas, enojos, odio, envidias, apetitos, superficialidades, tristezas y perversidad. Protege a quienes amas. Nunca aparezcas en las redes sociales ni salgas a las calles con tu corazón porque alguien, carente de sentimientos, podría causarle daño o robarlo. Aprende a demostrar el amor a tu familia, a tu pareja, a los amigos genuinos. Cuídalos. No los ofrezcas en escaparates. Son tu bendición y tu regalo.

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Y aquí sigo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y aquí sigo, en medio del mundo, entre mis mañanas y mis noches, tratando de vivir cada instante en armonía, con equilibrio e intensamente. Sé que si uno permanece atorado en la orilla de la corriente, entre el agua que se encharca y se vuelve pútrida y hedionda, pierde la grandiosa oportunidad de disfrutar, con sus claroscuros, la travesía por el mundo. Y aquí sigo, lejos de envidias, desamores, enojos, maldades, odios, rencores y tristezas, alumbrado por la luz de mi alma. Y aquí sigo, en la temporalidad, rumbo al infinito. Y aquí sigo, en el camino, interesado en explorar la vida, en recibirla como el maravilloso regalo y milagro que es. Y aquí sigo, hasta en las madrugadas y las tardes, con mis sueños y mis realidades, entretenido en el inacabable ensayo de la vida. Y aquí sigo, inmerso en mi esencia y en mi arcilla, enamorado de la vida y con asombro ante sus detalles y maravillas. Y aquí sigo, con mis letras y con lo que soy, con flores y poemas para que todos sepan que el amor, la verdad y el bien son parte de la fórmula de la felicidad, la evolución y la inmortalidad. Y aquí sigo.

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La edad toca a la puerta

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La edad es una dama traviesa que, en ocasiones, se disfaza de recién nacida, niña, adolescente o joven, y otras veces, en cambio, se presenta con el vestuario de la madurez o de la ancianidad. No toca a la puerta ni tiene la costumbre de asomar a las ventanas. Simplemente llega y se hospeda en la gente, en las criaturas de la naturaleza, en las cosas. Es pintora y escultora. Su lienzo es la piel, la textura, cuanto encuentra a su paso. Allí deja sus poemas y sus epitafios. Es, sencillamente, una enamorada incorregible que deja huellas donde camina y en lo que toca. Asusta a las personas que asoman al espejo y definen arrugas, desarreglos y canas. Está al servicio de la vida y de la muerte. Es compañera de un tipo indiferente -el tiempo-, que no tiene apegos ni sentimientos. La edad tampoco se queda, pero arranca pedazos o deja marcas de su andar. Muchos agreden a la edad y la convierten en enemiga deleznable; sin embargo, no le importa entablar amistad ni formar parentescos, indudablemente porque su mayor pasión es dejar señas de su estancia. Distrae tanto, que provoca amnesias, hasta que el ideal del infinito se pierde y se diluye entre cirugías plásticas, cremas y tratamientos para retrasar el envejecimiento. La edad, sonriente, hurta la niñez, la adolescencia y la juventud -sus mayores tesoros-, y sonríe al descubrir, una y otra vez, que el tránsito a la madurez y a la ancianidad resulta aterrador e inaceptable para tanta gente. Incontables hombres y mujeres temen a la idea de la finitud. La edad les demuestra que la vida y el tiempo no se compran. Si las personas, en masculino y en femenino, en mayúsculas y en minúsculas, se acercaran a la edad y escucharan con atención sus rumores y sus silencios, aprenderían a aprovechar los instantes de sus existencias y a convertirse en protagonistas de historias grandiosas. Algo más que arrugas, enfermedades, canas y agotamiento debe aportar, sin duda, la edad. Hay que escucharla con atención cuando habla o calla.

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¿Qué somos?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Qué somos? ¿Dos flores, acaso, que se abrazan tiernamente y bailan alegres cuando el viento las agita? ¿Qué somos? ¿Dos flores, quizá, que se enamoran y se prometen amor eterno una mañana de primavera? ¿Qué somos? ¿Dos flores, tal vez, que comparten sus instantes una primavera, un verano, un otoño, un invierno? ¿Qué somos? ¿Dos flores, probablemente, que, juntas, miran el paso de los minutos del amanecer, del mediodía, de la tarde y de la noche?¿Qué somos? ¿Dos flores, seguramente, que se acompañan durante este sueño llamado vida? ¿Qué somos? ¿Dos flores, pregunto, que, al amarse tanto, suspiran profundamente y anhelan, tras la vida efímera en el mundo, despertar en los jardines del infinito?

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No tiene permiso

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Es un engatuzador que no tiene apegos ni cumple las promesas que uno le confía -opinan algunas personas, quizá, al contemplar, incrédulas, las huellas del año que se marcha, similar a cuando llegó, indiferente y sin compromisos. Por eso no lleva cargas ni liviandades. Por su encomienda y su natualeza, el año ha preferido deshacerse de recuerdos, sentimientos y todo lo que aconteció durante su estancia pasajera en el mundo. Muchos hombres y mujeres, desde antes de la visita del año nuevo, se abrazan, suspiran, hacen planes, acuden a brindis y reuniones, celebran y piensan que es momento de transformarse y mejorar, y, para su sorpresa, no es así porque, simplemente, se trata de una medida de tiempo para organizar la vida. El año nuevo no trae consigo premios, sorpresas, alegrías, tristezas, promesas, salud, enfermedad, nacimientos, defunciones, triunfos y fracasos; depende de cada ser humano, en mayúsculas y en minúsculas, en femenino y en masculino, convertirse en autor de su historia existencial y trascender, evolucionar a pesar de las luces y las sombras que forman parte de la realidad terrena. El año, con sus instantes y sus meses, con sus minutos y sus semanas, con sus horas y sus días, es contratado por el tiempo y, por lo mismo, está marcado con un número secuencial. No tiene permiso de enamorarse o decidir el rumbo y el destino de la gente. Su naturaleza es distinta. No puede, aunque suspire, detenerse en alguna de las estaciones. Sencillamente, pasa. La gente es sentimentalista e ilusa cuando piensa que el año nuevo le regalará dicha y prosperidad sin esforzarse en conquistar sus anhelos, planes y sueños. Pocos se exploran a sí mismos y deciden, en consecuencia, modificar sus sentimientos, conductas, pensamientos, ideales y palabras; no se ateven a actuar, a protagonizar cada día de sus existencias, a trascender, y así se desvanecen los años, llegan otros tan efímeros como los anteriores y se va la vida. No es que el año viejo se retire o se jubile con su carga de recuerdos y vivencias, ni que el nuevo asome y llegue con un costal pletórico de regalos y sorpresas; es que cada hombre y mujer debe diseñar y tratar de seguir la ruta de una vida plena, inolvidable, bella y dedicada al bien, a la verdad y a la evolución. Nadie debe confundirse. El año no tiene autorización de mezclarse con la gente. No se queda ni regresa. Es como el viento que se siente y no puede atraparse. No tiene permiso.

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El poema de la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Encuentro una correspondencia prodigiosa entre la naturaleza, la vida, y el arte, en sus diferentes expresiones. Es como si, en un lado y en otro, a una hora y a otra, se manifestara la esencia en su interminable proceso creativo y se plasmara en letras, en música, en colores, en formas, en movimientos.

Descubro con asombro, entre los rumores y los silencios de la lluvia, del viento, de las cascadas, de los ríos y del mar, el arte de las letras, de las palabras escritas con inspiración, el poema más bello, un relato tan profundo como el azul intenso del cielo, y, también, encuentro las notas musicales que cautivan a las almas, a todas las criaturas, a los árboles y a las piedras, a los manantiales y a las flores, a la tierra y a las nubes flotantes, a los hombres y a las mujeres.

Las ramas de los árboles, junto con las plantas y las flores, al sentir los besos y las caricias del aire, se balancean igual que la mano del escritor al dejar sus letras en el cuaderno y crear sus obras literarias, o la del músico al ejecutar las notas a través de sus instrumentos, o la del pintor al deslizar sus pinceles en el lienzo, o la del escultor al dar forma a los materiales yertos, sin omitur al que danza y regala sus movimientos sutiles.

Y hay más cuando detecto los colores y las formas de la creación, lo mismo en los seres vivientes que en las montañas y en todas las expresiones materiales que existen en el mundo, con su ritmo infatigable que que habla y calla tanto. El arte posee tal similitud con los suspiros de la vida. Es una corespondencia permanente con la naturaleza.

Camino por veredas solitarias e insospechadas, al amanecer y al atardecer, al mediodía y en la noche, y hasta en la madrugada, y distingo el canto de las aves -pájaros de la aurora y lechuzas del ocaso-, y también de los insectos, convertidos en notas, en conciertos, en melodías. Los susurros y los silencios de los bosques, de las selvas, de los desiertos y de las llanuras son parte de una obra magistral, como la que uno percibe al admirar el mar desde la orilla.

Me siento fascinado. Como artista de las letras -oh, nosotros, los escritores-, me fundo en la vida temporal e infinita, me entrego a la contemplación, me deleito con el proceso de la creación, vivo y sueño, sigo las rutas de la imaginación. El silencio interior me habla y reproduzco sus voces, como lo hago, igualmente, al permanecer entre los susurros.

La vida, al excursionar por el mundo, deja constancia de sus obras, huellas maravillosas, como para que uno, al dedicarse al arte, siga su camino y no pierda la luz. Cada sonido, color, silencio, movimiento y forma, en la naturaleza, es reflejo de lo que hace el gran artista, la mente infinita a la que nosotros, los escritores, los poetas, los músicos, los pintores, los escultores, emulamos como aprendices, simplemente con la encomienda de regalar pedazos de cielo a los hombres y a las mujeres que, alguna vez, en su peregrinar, coinciden con nosotros. La correspondencia del arte con la vida y la naturaleza, no es casualidad; se trata de una conexión etérea con el principio creador que es inmortal y late en cada uno de nosotros.

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Fuimos cristales

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Fuimos, quizá, un cristal bonito, cautivante y prodigioso, igual que un poema o una nota musical de inspiración profunda. Un cristal etéreo y mágico que separaba con cuidado la esencia de la arcilla. Sin duda, embellecía la fachada, reflejaba el paisaje y, a la vez, permitía mirar el interior de nuestra morada, eco de aquel ayer que vivimos entre el infinito y la temporalidad. Acaso desconocíamos que, una mañana o una tarde, una noche o en la madrugada, a cierta hora y en determinada fecha, se volvería opaco o se rompería por exceso de historias y por tantos días que se acumularían en ayeres, en pasados, en recuerdos y en olvidos, en murmullos y en silencios que, forzosamente, llegan a uno, a pesar de que ya no se les espere. Somos, probablemente, cristales rotos que, una vez, fueron esculturas, imágenes, objetos con una vida terrena que parecía extinguirse conforme transitaban los minutos y las horas, los meses y los años, a otras rutas. Fuimos parte de ventanales que permanecieron abiertos o cerrados a las ráfagas del viento, a la nieve, a la lluvia, a los perfumes, a las fragancias, a la policromía, a los susurros de la vida. Las envidias, los miedos, las discordias, los rencores, los desencuentros, los odios, las discusiones, las avaricias, las superficialdades, las tristezas, la ignorancia y la maldad -tanto y más, aunque agote y fastidie enumerarlas-, ensuciaron y rayaron los vidrios otrora límpidos, los cristales que antaño lucieron transparentes, sin que reaccionáramos y, por lo mismo, los laváramos o, en su caso, los puliéramos. Se fracturaron. Quedaron rotos como nuestro tiempo y las historias que escribimos a diario, precisamente cuando ya no había oportunidad de rescatarlos. Están incompletos. Quedaron tan sucios, rayados y mutilados, que ya no pudimos observar ni reconocer lo que había dentro. Ya lo olvidamos. Rompimos los vidrios. Imposible pasar al interior porque hay exceso de astillas. Es necesario retirarlas. Fuimos, parece, viajeros que descuidamos los vidrios, los detalles, cada pieza de crital. Ahora ya sabemos que un cristal, al ensuciarse o quedar rayado, puede lavarse o pulirse oportrunamente; sin embargo, una vez que se rompe, no vuelve a ser el mismo, aunque se le pegue con esmero. Indudablemente, muchos de nosotros aún conservamos un ventanal completo, un espacio con un cristal que puede restaurarse y, así, ofrecer una inspección a la morada, la entrada a la ruta interiot y a nosotros mismos, en busca de la esencia, la verdad, el bien y el plano de la inmortalidad. No esperemos a que nuestros cristales estén todos rotos para, esterilmente, tratar de encontrarnos en los escombros y reconstruirnos.

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Otro consejo más

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y otro consejo para ti, que eres joven. Cuida y valora tu presente y tu futuro. La vida se compone de instantes. En cierta fecha, inevitablemente, anclarás por un rato -segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años- en la otra orilla, en el puerto de la ancianidad, donde, con frecuencia, acechan el agotamiento, la desmemoria, la lentitud, las enfermedades y la soledad, igual que parásitos insaciables que devoran, carcomen y aniquilan. Es algo natural y consecuencia, en todo caso, de tu estilo de vida en días pasados, apenas ayer, cuando eras niño, adolescente, joven y persona de edad madura. Junto con los achaques propios de la vejez, hay otro asunto, el que deseo tratar este día con la idea de que permanezcas alerta. Hoy, en tus días primaverales, seguramente no notas que los gobiernos, en el mundo, enfrentan una multiplicidad de crisis, y una, en particular, resulta preocupante por las consecuencias que indudablemente tendrá en una fecha no muy distante. Y es que el número de personas enfermas, discapacitadas, mayores y pensionadas aumenta cada día en porcentajes impresionantes, de tal manera que los presupuestos gubernamentales destinan grandes cantidades de recursos económicos a tales conceptos, dinero, piensan y aseguran los dueños de las fortunas, los políticos, los analistas, los dirigentes de instituciones que controlan las finanzas globales y quienes diseñan las estrategias y los programas oficiales, que podría aplicarse en temas de mayor trascendencia. El planeta es habitado, actualmente, en postrimerías de noviembre de 2022, por más de ocho mil millones de personas, seres humanos -hombres y mujeres- que consumen alimentos, oxígeno, agua y una diversidad de bienes y servicios en un entorno de crisis, escasez y conflictos. A los gobiernos y a las instituciones financieras les estorban los enfermos, las personas desahuciadas, los seres humanos con discapacidad, la gente que, por sus condiciones o su edad, ya no son productivas, a pesar de que años atrás lo hayan sido. Representan un peso que inclina la balanza hacia un gasto enorme de recursos. Y cada vez son más las personas que incrementan los índices de impoductividad y carga financiera para los gobiernos. Los mismos dirigentes de instituciones económicas y fnancieras que marcan las políticas a nivel global y ciertos gobernantes, han insinuado, repetidas ocasiones, la urgencia de aplicar estrategias y acciones que contribuyan a eliminar esta carga tan onerosa, Les estorban los ancianos, los enfermos, los pensionados, la gente improductiva por sus condiciones mentales o físicas, y es innegable que, en una fecha no muy distante, los gobiernos, dirigidos por un control global, totalmente inhumano e indiferente a los sentimientos, la familia y los valores, actuarán severamente contra ese sector que, en el futuro, será descomunal e incontrolable por la cantidad de jóvenes que actualmente coexisten en el mundo. Tú, que eres joven, reacciona, supera el estado en que te mantienen a través del engaño y la manipulación, y con tu generación dedícate a estudiar, trabajar, reflexionar en la situación negativa que prevalece a nivel mundial y diseñar estrategias y proyectos que solucionen los problemas y eviten medidas crueles y perentorias. Las señales de la hora contemporánea indican rutas demasiado peligrosas para las siguientes generaciones. En esos temas debes oientar tu esfuerzo; de lo contrario, corres el riesgo de transformarte, al paso de los años, en parte de una generación de personas envejecidas, inservibles y enfermas que perdieron el tiempo, en su juventud y madurez, en redes sociales, mundos virtuales y asuntos que te restaron tiempo de vida, aprendizaje, experiencia, productividad y resultados positivos. Preocúpate por tu hoy, tu presente, y por tu futuro, tu mañana. Un día, a cierta hora, tú podrías ser víctima de decisiones globales que atenten contra ti y tu familia. Es momento de actuar y dedicarse a trabajar, antes de que alguien, y otros más, se apropien de las voluntades humanas y decidan sus condiciones de vida y marquen el final de cada persona. Es irresponsable saber que se avecina la tempestad y no prepararse para resistir y salvar la vida. Simplemente, se trata de reflexionar y actuar con responsabilidad con el objetivo de evitar que la humanidad se convierta en basura que puede ser procesada de acuerdo con intereses ambiciosos, egoístas y perversos. Sé tú.

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Y así…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y así se va la vida, entre un suspiro y otro, como las hojas que el viento otoñal arranca una tarde de los árboles y dispersa en la campiña, en los bosques, en todo el paisaje, hasta dejarlas secas y rotas, tan quebradizas como son los minutos y las horas, los sueños y las realidades, la vida y la muerte. Y así huyen los momentos, casi sin darnos cuenta, porque el tiempo es silencioso al andar y discreto en sus actos, a pesar de que siempre deja sus huellas en lo que pisa y toca. Y así se consumen las oportunidades de vivir en este mundo, igual que el vuelo fugaz de una mariposa, las burbujas que surgen de los manantiales y revientan y las flores de efímera existencia. Y así, la gente queda sola, al ya no sentir la presencia de quienes le acompañaron en su generación, motivo suficiente para, en un descuido, naufragar en la soledad, entre recuerdos y desmemorias. Y así, uno, después de conocer la aurora y recorrer las estaciones, se dirige hacia el final del camino terrestre, al ocaso de la existencia humana, con gente, sentimientos, palabras, ideales, pensamientos y cosas que quedan dispersas, como parte de una historia inconclusa. Y así, en medio de tempestades y de calmas, los hombres y las mujeres diseñan y protagonizan sus existencias, cada uno con sus motivos, sus detalles, sus destinos y sus razones. Y así, las criaturas que alguna vez nacen, siguen su travesía irrenunciable por las rutas de la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la ancianidad, hasta llegar, en cierta fecha y a determinada hora, a su cita, a la noche de su jornada terrena. Y así, uno deja bellas remembranzas o desencantos, pétalos o espinas, dulzura o hiel, alegrías o tristezas, luces o sombras, en un mundo dual que reta a aprender a vivir con maestría, en equilibrio, plenamente y en armonía. Y así, acaban las oportunidades de amar, reír, aprender, producir, hablar, hacer el bien, practicar las virtudes, ser felices, realizarse y trascender. Y así, después de vivir tanto, la gente tiene que partir a otros rumbos, cruzar fronteras y escalar, gradualmente, a la cima de la evolución, a la vida que palpita infinitamente. Y así se aprende a vivir eternamente o se muere irremediablemente.

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Uno de mis anhelos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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En la niñez, en la primavera de la existencia, cuando uno es tan pequeño, la gente tiene juegos e ilusiones, sueños y planes, que, más tarde, en las siguientes estaciones de la vida -verano, otoño e invierno-, se diluyen con otros proyectos y realidades, y todo queda, con frecuencia, en recuerdos, en olvidos, en historias rotas. Y es que la infancia -al menos la de otras épocas-, inmersa en juegos, fantasías e inocencia, solía imaginar mucho y se miraba, en consecuencia, dueña de sus historias en algún instante del mañana. La adolescencia y la juventud se sumaban y, más tarde, llegaba la madurez o se aproximaba la vejez, y tantos anhelos quedaban desgarrados en los caminos, simplemente como motivos inconclusos. No siempre las personas consiguen hacer realidad sus aspiraciones pasadas. Este día quiero compartir, por medio de mis letras y mi tinta, que, tras décadas de estudio e investigación, tarea que data desde que tenía alrededor de 10 años de edad, he cumplido uno de mis sueños. Y es que, como lo he relatado otras veces, siempre tuve el deseo de indagar más acerca de mis orígenes, conocer la historia de mis antepasados, de quienes me siento orgulloso y agradecido, y escribir, un día, un libro sobre mi familia del ayer. Nunca imaginé que, al indagar mi genealogía, descubriría otros apellidos e innumerables epopeyas. A diferencia de mis obras anteriores, esta historia familiar no la publicaré; al contrario, haré unas copias y las legaré, exclusivamente, a mis descendientes. Y es que cada familia tiene sus orígenes, su esencia, sus razones, sus caminos, sus historias. Al investigar, seguí rutas insospechadas que me llevaron a vetas de información que valoro demasiado. Acaso, demasiada gente pensará que se trata de mis delirios de escritor, que permanezco atrapado en los otros años -los del ayer- o, sencillamente, que exploro tierras estériles que quedaron abandonadas una mañana o una noche que nadie recuerda, entre suspiros, desmemoria e imágenes difusas; no obstante, con humildad expreso que es un sueño infantil que cumplo en estos minutos de mi existencia. Ahora sé que puedo retroceder al pasado y encontrarme frente a mí, hablar conmigo y decirme, profundamente emocionado: «lo conseguiste. Hablaste con tus antepasados y ahora entiendes mucho de lo que eres. Te felicito. Me siento orgulloso de ti. Te demostraste que los sueños se pueden conquistar si uno lucha por conseguirlos». Y sí, quizá el tema no sea de interés para la mayoría de la gente; pero, finalmente, insisto, cumplí uno de mis sueños de la niñez, y eso, lo confieso, no siempre se consigue.

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