Tal es la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tal es la vida. Nada es permanente. Hay quienes tal vez podrían expresar, desconsolados: “esta noche de desolación, amada, requiero un espejo, un triste espejo, para definir mi silueta abatida, mi semblante de hombre viejo. Miraba la primavera de mi existencia, cuando de pronto descubrí el invierno en mi rostro. Sobre mis otrora rasgos infantiles y juveniles, el tiempo y la vida cincelaron sus jeroglíficos, su código inexorable, su lenguaje. Entonces comprendí que la estancia en el mundo semeja una embarcación que navega y atrás deja rostros, cosas, historias, orillas, hasta que empequeñecen y se transforman en ayer, en recuerdos, en olvido. La vida es tan breve que aún no concluyen el asombro y la maravilla de la aurora, cuando la entintan las sombras del ocaso. Tarde comprobé, ante el espejo, que la dicha y verdadera riqueza no consisten en acumular bienes y deambular por el mundo con enojo, amargura, desconsuelo, arrogancia, envidia, conflictos, lascivia y perversidad. La vida es algo más que pasiones, dinero y poder. Es la maravilla de amar y sonreír, el milagro de hablar y caminar, la dicha de dar de sí a los demás, la satisfacción de aportar luz al mundo, el encanto de la inocencia. En lo sencillo se encuentra lo bello. Hay que atreverse a realizar lo que uno anhela y sueña, aunque muchas ocasiones se quebranten esquemas y se tengan que enfrentar creencias e intereses. Después de todo, uno trasciende por medio del amor y sus actos, valores y sentimientos. Lo demás es dogma o prejuicio y muchas veces va contra la verdad universal. Resulta ocioso castigarse tras los barrotes de la ignorancia. Es lamentable que tantos seres humanos se encarcelen y no acepten  experimentar el viento de la libertad. Unos temen andar descalzos por el césped o hundir los pies en la arena del río, acaso porque desde pequeños les inculcaron que es incorrecto o que resulta dañino, o quizá por creer que así es, por una fe ciega, mientras otros, en tanto, se atreven a protagonizar una epopeya. ¿Quieres ser infinitamente feliz? Escucha, entonces, las voces de tu interior. La vida es un suspiro fugaz entre el cunero y la cripta. Feliz aquel que al sumirse en el sueño más profundo, descubre atrás las huellas que dejó y las manos que lo saludan”. Los años de la existencia son breves. Quien vive con amor, alegría y valores, lleva durante su travesía la brújula que lo guiará hasta la plenitud del horizonte, al éter de la inmortalidad.

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