Al otro lado de la puerta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al otro lado de la puerta, existen las posibilidades de las auroras y los ocasos. Hay, parece, ignorancia, miedo, adversidad, problemas, mediocridad, obstáculos, miseria, enfermedades, fracasos, perversidad, odio, amargura y tristeza; pero también conocimiento, valor, oportunidades, grandeza, caminos y puentes, salud, éxito, fortuna, ilusiones, bien, amor, alegría, belleza y felicidad. Prepárate para vivir. El momento es hoy porque el de ayer ya se consumió y queda en las remembranzas, en las huellas que dejaste o que el tiempo borró por ser tan débiles, y el de mañana, en tanto, no sabes si vendrá a ti. Vive. Analiza y toma las decisiones que más te convengan y a quienes te rodean, a aquellos que amas, e incluso hasta los que no conoces porque en la vida y el universo, todo lo que sientes, piensas y ejecutas tiende a retornar con mayor energía. Abre la puerta y atrévete. No dejes nada sin explorar. Intenta ser extraordinario e inolvidable, humilde desde tu ser y grandioso como persona, enérgico en tus decisiones y siempre, no lo olvides, con convicciones e ideales firmes, con un código coherente con el desenvolvimiento de tu ser. Vales mucho. Al otro lado de la puerta, es cierto, se encuentran los abismos y las cumbres, los desfiladeros y las cimas, la oscuridad y el resplandor; sin embargo, al abrirla, descubrirás la entrada a tu morada, a tu ser, a rutas y túneles insospechados, a reinos subyugantes. En ti, al otro lado de la puerta, reposan fuerzas y tesoros incalculables que sólo esperan los tomes y utilices para bien. Al otro lado de la puerta, moran tus luces y sombras, tú, ellos, nosotros, todos. Nada falta. Todo está contemplado y puedes tomarlo. Sólo basta con que te atrevas. Arriésgate, no temas, porque al otro lado de la puerta están la parte más valiosa de ti y el itinerario a lo que tú desees.

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Vive

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Borra de tu rostro los signos de tristeza, coraje y descontento; cámbialos por una sonrisa, por una mirada alegre. Vive este día como si fuera el más grandioso y el último de tu existencia porque no sabes si el de mañana llegará a ti. Camina y deja huellas para que otros, los que vienen atrás, las sigan. Sé quien retire los cardos y las piedras de la senda. No dejes asuntos, cuentas y tareas pendientes en tu vida. Utiliza tus manos para hacer el bien, ofrecer un punto de apoyo a los débiles y dar a quienes más sufren y necesitan ayuda. Construye. Nunca destruyas. Jamás siembres discordia. Ama fielmente. No engañes. Vuela auténtico, libre y pleno. No te inclines ante el poder, la riqueza material y los apetitos, ya que son pasajeros y no merecen desperdiciar la vida en coleccionarlos; ni siquiera tendrán capacidad de acompañarte cuando finalice tu historia. Es válido que ambiciones y disfrutes los bienes materiales, pero no los adores. Retira las capas superficiales de tu conciencia, explora las rutas de tu interior, para que descubras los verdaderos tesoros. No fabriques abismos, barrotes, celdas, fantasmas y fronteras; mejor edifica puentes, disfruta el viento de la libertad y atrévete a ser feliz y conquistar tus sueños. Sé libre. Rompe los grilletes de los prejuicios. Explora, descubre y experimenta la verdad. Sepulta la envidia, el odio, la desconfianza, el miedo y la duda. Ama a tu familia y vive en armonía con el mundo.Trasciendes cuando te interesas en el bien, la verdad y la belleza, concebidos como los valores, el conocimiento y las expresiones del arte. No permitas que otros, por sus creencias e intereses, elijan tu destino. Ten valor para luchar por lo que en verdad deseas, aunque rompas esquemas y te enfrentes a tu generación. Intenta protagonizar una historia bella, intensa, magistral e inolvidable. Así, al concluir los días de tu existencia y mirar atrás, descubrirás la inmensidad de un jardín terreno y seres que te recordarán con amor, y al ver hacia adelante, te darás cuenta de que el sendero no tiene final y que te espera la luminosidad más bella y sublime.

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No temas…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No temas enamorarte, expresar palabras tiernas, regalar flores como muestra de tus sentimientos y compartir tus días con un amor auténtico; tampoco olvides reír, permanecer alegre, ser intensamente feliz. Sé amable, honesto, leal y agradecido. Si no sabes bailar ni cantar, inténtalo una y otra vez, no te quedes con deseos de hacerlo, porque nada perderás y sí, en cambio, habrás explorado otras posibilidades humanas. No tengas miedo de agitarte o sudar porque significará que estás vivo, que sientes, que andas aquí y allá, activo y contento. Si enlodas el pantalón o el vestido y salpicas la camisa o la blusa, sonríe, que no sea motivo de enojo ni de enturbiar los minutos de tu existencia. No te enfades si un día, al andar de la mano con quien amas, encuentran una fuente en medio del camino. No la maldigan. Miren el agua que contiene porque reflejará sus rostros y atrás de ustedes, en las alturas, la belleza indescriptible del cielo. No tiene caso portar un rostro de desagrado ante circunstancias pasajeras y superficiales, ni exhibir arrogancia y desprecio al mundo, porque es un espejo que reproduce y devuelve las imágenes que proyectas. La vida pierde sentido cuando olvidas el silencio interior y escondes los tesoros de tu corazón, a cambio de preferir las luces de los reflectores, los maniquíes de aparador, la acumulación de dinero y bienes, los apetitos fugaces y carentes de sentimientos, y todos los actos inhumanos e intrascendentes que acumulados, consumen la armonía de tu ser y aceleran la hora postrera de la existencia. Camina, diviértete, sonríe, corre y acuéstate sobre el césped, bautiza los árboles y las estrellas con los nombres de quienes amas, sueña, permite que las mariposas posen en tu cabeza, báñate en el río o en mar, escucha música, acepta las caricias del viento y los ósculos de la lluvia. No te detengas, por temor, una noche de relámpagos y tormenta, porque tal vez entre las gotas y el cielo desgarrado surgirá la respuesta de lo que buscabas o la oportunidad de descifrar algunas incógnitas de la vida. Vive. Escala y sigue adelante. No te atormentes, recuerda que la mayor parte de los abismos, barreras, desfiladeros, fantasmas, fronteras, grilletes y prisiones se trazan y procesan en el corazón y la mente. Respira profundamente y siente el hálito de la creación en ti. La vida es muy breve como para diluirla en asuntos baladíes y temporales. La existencia inicia con una inhalación y concluye con una exhalación y un suspiro. Llora cuando sea necesario y tu ser lo requiera para aligerar la carga y sentir alivio; aunque procura que tus lágrimas sean por reír con frecuencia y no por remordimientos ni tristeza. Agradece las bendiciones al Creador y no te avergüences por ningún motivo de tu espiritualidad. Experimenta los años de tu existencia libremente, sin ataduras, guiado por un código de valores auténtico, acorde al pulso de la creación, no impuesto por los intereses de otros. No te masifiques. Demuestra que estás hecho de una arcilla diferente. Ama y respeta tu cuerpo, y no temas que tu piel sea rasguñada por las varas en un paraje natural mientras caminas, ni te mortifiques si el sol aplica su maquillaje en tu rostro y tu espalda o si al tomar la rosa te espinas. Inténtalo. No te desanimes. Si tienes familia, ámala, cuídala y disfrútala porque es un regalo celeste; si posees amigos, consérvalos y fortalece los lazos. Si amas a alguien, entrégale lo mejor de ti, cultiva sus días de detalles, sé fiel y dale felicidad. Toma en cuenta que todo, en el universo, es dual y que tienes libertad de elegir entre la luz y la sombra, el sí o el no, el bien o el mal. No sientas tribulación ante el ocaso porque siempre existe la esperanza de una aurora. Una noche de rayos y aguacero puede significar, horas más tarde, un amanecer bello y espectacular. Un día acalorado o turbio puede, igualmente, representar, en la noche, un firmamento hermoso e imponente. Con cada instante que registran las manecillas del reloj, huyen los destellos de la vida y la oportunidad de amar, reír, ser feliz, soñar, materializar los planes e ilusiones y convertirse en el personaje grandioso y principal de la trama. Recuerda que en tu vida, sí, en los días que te corresponde experimentar y probar en el mundo, tú serás el principal actor. Nunca causes daño ni humilles a los demás; al contrario, que tu paso por el mundo sea de alivio, restauración y crecimiento. Actúa y vive con sencillez y virtudes. La enfermedad, la tristeza y la muerte solamente responden a la ausencia de salud, alegría y vida. No mires ni frecuentes los desagües con su acumulación de basura; contempla y disfruta los ríos cristalinos y la alfombra de intensa policromía que se extiende a sus orillas. Entiéndelo y tendrás vida eterna. Pierde el miedo y transfórmate en el faro de la humanidad, en la luz del mundo. Así, cuando una noche tu cuerpo se sienta cansado y te acuestes sereno en tu lecho, ausente de remordimientos y en paz interior, sin duda despertarás, a la siguiente mañana, en una morada sublime y luminosa. Ante ti resplandecerá el cielo más subyugante, pero al voltear atrás, al camino que terminaste de recorrer, descubrirás incontables flamas que te guiaron a casa. Esas luces minúsculas que unidas formarán el resplandor más hermoso e intenso, serán resultado de tus sentimientos y acciones durante la jornada terrena. No temas descorrer el telón y actuar de acuerdo con tu esencia. La vida es sublime e interminable.

Carta desde el cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hija mía, hace dos semanas abandoné mi cuerpo, la envoltura física que cada día, bien lo sabes, envejecía e impedía que me comportara como antaño, cuando eras niña y te arrullaba con ternura, te cargaba con la ilusión de comprarte un globo o un dulce, te aconsejaba, te relataba cuentos, te llevaba a la escuela y te tomaba de las manos para después soltarte y mirar emocionado tus primeros pasos.

Te consta que ya no podía con la carga física que llevaba, y no porque me hubiera dado por vencido, sino por el agotamiento inherente a la edad. Bien hubiera deseado tener energía para convivir contigo y con nuestra familia, compartir los alimentos en la mesa, acompañarte en tus oraciones, sumar mayor número de capítulos a la maravillosa e irrepetible historia que nos tocó vivir.

Quienes nos atrevemos a desafiar al tiempo, enfrentamos una hora y muchas más sus embates, y si yo lo hice, mi niña amada, no fue para prolongar, como otros seres humanos, mi estancia terrena con sus placeres y locuras, sin un sentido justificable y real, sino con la intención de permanecer contigo y con la encantadora y bendita familia que tu mami y yo formamos con tantas ilusiones. Me encantaba estar con ustedes, y vaya que al final de mis días, ya con mis debilidades y padecimientos de la ancianidad, disfrutaba, aunque no lo creas, los consejos, las reprimendas y los cuidados que me dabas, ¿y sabes por qué? Porque me sentía amado y consentido por un ángel que orgullosamente es mi hija.

No sabes cuánto valoro el amor, los detalles y el tiempo que me regalaste, sobre todo porque los días de la vida son como las hojas que se desprenden de las ramas. Llega el momento en que el árbol, al envejecer, se deshoja totalmente, y tú, mi hija amada, cediste parte de tu vida para cuidar de mí, un anciano que aparentemente desatendía tus indicaciones, pero que en el fondo te escuchaba y agradecía a Dios por tenerte como bendición. No sabes cuánto te lo agradecía.

Admito que traje conmigo el calor y la ternura de tus manos, el tono de tu voz, tu mirada brillante y límpida, y hasta las palabras que me repetías al llegar de tus actividades y dedicarme aquellas tardes y noches que jamás olvidaré.

Te he mirado caminar por el cementerio, ante la tumba donde amablemente sepultaron mi cuerpo, y si bien entiendo tu tristeza por mi ausencia física, me preocupa tu dolor. Al deslizar tus lágrimas por tu rostro, se han convertido en perlas diáfanas que milagrosamente penetran por los poros de la tierra para iluminar y disipar cualquier sombra. Así eres de angelical. Me siento agradecido y orgulloso de ti.

Tu sufrimiento y tristeza han tocado hasta la puerta del cielo, donde permanezco pleno y atento a ti y a nuestra familia. Sé que un día se dulcificará tu dolor y lo que hoy son lágrimas, tormento y melancolía, mañana serán recuerdos gratos, riqueza espiritual y bendiciones.

Recientemente, hija mía, expresaste que te falta un trozo de corazón porque partió conmigo; sin embargo, quiero recordarte que las almas son etéreas y puras, y de ninguna manera, al llegar a la morada de Dios, arrebatan la felicidad a quienes se quedan en el mundo, y menos a aquellos que tanto aman.

Tu corazón es muy hermoso, mi niña, y no le falta una porción porque yo no me la llevé al cielo, donde esperaré pacientemente tu llegada y la de nuestra familia, cuando sea el momento señalado por nuestro Creador. Lo que sí traje conmigo son tu imagen y la de nuestra familia, los capítulos que compartimos en el mundo, los recuerdos, el amor que derramamos entre nosotros.

Gracias a Dios y a que eres de otra arcilla, tu corazón está intacto porque lo necesitas en el mundo para seguir viviendo y derramando tus más nobles sentimientos. Consérvalo íntegro porque yo estaré contigo cada instante de tu existencia. Siénteme, hija.

Nuestras almas están unidas, hija preciosa, y así permanecerán toda la eternidad porque es una promesa y un regalo que Dios nos ha concedido. Es un alivio saber que la vida no termina con la muerte del cuerpo. La finitud corporal sólo es el inicio de la jornada espiritual por la inmortalidad.

Me siento muy agradecido contigo, pero también orgulloso de ti porque tu alma es resplandeciente e innegablemente se refleja en el gran ser humano que eres. Me tranquiliza saber que al marcharme del plano terreno, se quedan mis descendientes como parte de los seres humanos que desean trascender.

Cuando me miraste inmóvil y yerto en el ataúd, con tus ojos cubiertos de lágrimas y tu corazón inconsolable, notaste tranquilidad en mi semblante. Hija, no equivocaste. Mi rostro inerte irradiaba alegría y paz no solamente por el gozo de haber entrado al reino de Dios, sino por la dicha de tener una familia ejemplar y maravillosa, de la que formas parte.

Hoy no necesito darte consejos porque eres una mujer de valores sólidos. Conserva tu esencia porque tus principios y trayectoria te conducirán hasta los jardines del cielo.

Posees un código de conducta y valores que asimilaste desde pequeña. Vive plenamente tus principios, hija querida, pero no olvides, mientras permanezcas en el mundo, diseñar y protagonizar tu propia historia.

Si alguna ocasión, en vida, te hice sentir mal o te causé aflicciones, te pido disculpes mis actitudes o palabras. Fui un hombre con los claroscuros de todo ser humano, tal vez muy estricto por mi formación, pero siempre interesado en dar lo mejor de mí en beneficio tuyo y de toda nuestra familia.

Quiero recordarte que la vida, con sus luces y sombras, es bella y preámbulo de la eternidad. Sólo hay que vivirla en armonía, con equilibrio y plenamente. A veces hay que ceder y experimentar unas cosas por otras, pero mientras conserves tus valores y actos, tendrás la salvación.

No olvides vivir. Voltea a tu alrededor y descubrirás que existen muchos motivos para ser feliz. No renuncies a tu dicha. Dios coloca pruebas a los seres humanos y por algo da oportunidad de evolucionar. No todo es tan rígido ni tampoco endeble como para prohibirse la verdadera felicidad. El cielo se conquista por medio del amor, de los valores y de las acciones.

La vida no es nada comparada con la eternidad que nos espera. Te lo digo yo, tu padre, quien ahora moro en el hogar de Dios. Cierra tus ojos e interpreta los susurros del viento que te dice “vive, vive, vive”. Sé que tienes ante ti muchas bendiciones y la oportunidad de protagonizar una historia intensa, noble, bella, irrepetible, excelsa e inolvidable. No te detengas. Sube a la mejor embarcación, a la que te conduzca a lo más sublime en todos sentidos.

En cuanto a tu mami, hermanos y sobrinos, son tu gran tesoro. Ellos, tú y yo siempre seremos bendecidos y ricos porque nos identifican una historia compartida, capítulos mutuos, la familia a la que pertenecemos, y si algunos estamos aquí y otros allá, nuestras almas palpitan al unísono del amor de Dios. Ámense y cuídense unos a otros.

Resulta innegable que entre el cunero y la tumba sólo existe un suspiro. Vive lo que te corresponde como ser humano porque habrá días alegres y tristes, horas de ilusiones y otras de desaliento; mas el amor auténtico, aunado a los valores y a los actos, salva.

Para consuelo de tu ser, hija bella, el alma no muere; al contrario, goza el privilegio de una vida eterna y dichosa. He observado tu llanto, y es natural, mi pequeña; por lo mismo es que deseo comunicarte que aquí estaré siempre, unido a tu alma. Únicamente bastará que en medio del silencio y la soledad, cierres tus ojos y llegues hasta tu alma para sentir la mía.