Trozos de vida… Vivir enamorado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No necesito difundir tu nombre porque al latir en mi corazón, al repetirlo los murmullos del mar y los susurros del viento, lo leo en las estrellas y lo escucho en mi interior como si Dios me lo repitiera cada instante

Vivir enamorado no significa llegar una noche anónima con la maleta, el costal o la mochila para hurtar inocencia, sentimientos e ilusiones, y más tarde brincar la cerca para huir, porque se trata de un estado de ensoñación que abre puertas y ventanas del alma, provoca suspiros y acelera los latidos del corazón. El enamoramiento transforma la estancia en el mundo y da alegría y ternura, quizá porque desvanece el dolor y la tristeza que suelen enredarse en los colores de la felicidad y la vida. Los sueños e ilusiones de los enamorados no arrebatan ni atesoran caricias frenéticas, ni tampoco coleccionan pasiones fugaces que se diluyen ante la caminata de las horas y se convierten en hojarasca; al contrario, desprenden destellos que alumbran los días y las noches de quienes se aman. El enamoramiento rompe la fragilidad humana al hacer a un lado los apetitos y ceder espacio y tiempo a los sentimientos, a la dulzura del amor, a los actos que engrandecen. Quien se enamora, abraza, besa, habla y mira con dulzura, como si la otra parte de sí fuera un poema escrito y grabado en la arena por las olas turquesa, una sinfonía compuesta por los rumores del viento y el silencio, un texto inspirado en la fragancia del amor, una escultura tallada por el aliento del aire, un lienzo pintado con los colores del arcoíris, el cielo y las mariposas. El ser que se enamora de alguien, se siente encantado y vive con embeleso. Cada día, para el enamorado, significa la oportunidad de reunirse con su otra parte, con el ser que ama y le cautiva. Y lo mismo son dichosos en un puente de piedra, bajo la lluvia, que al comer pasteles y helados, pasear en yate lujoso, caminar por alguna callejuela romántica, dialogar, arrojarse cojines, hundir los pies en el barro, visitar tiendas, jugar y hacer de cada instante una historia inolvidable, un capítulo intenso, un encuentro mágico e irrepetible. Los enamorados descorren las cortinas de la existencia y se descubren de frente, con la mirada que los refleja, la sonrisa que los alegra, las manos que los enlazan y los corazones que los unen. Enamorarse es realidad convertida en sueño e ilusión, desear lo mejor para la persona amada, volar a su lado sin encadenarla, compartir los claroscuros de la vida, admirar auroras y ocasos, transitar por un puente hasta la eternidad. Vivir enamorado significa definirte en mi interior, mirarnos dulcemente a los ojos para descubrirnos, besarte con ternura, consentirte, estrechar tus manos, hacerte muy feliz y amarte toda la eternidad. Sentirme enamorado es sonreír al asomar a tus ojos, besarte con ternura, expresar que me cautivas y confesar que deseo la eternidad para amarte.