Quiero ser el amor de tu vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Quiero ser el amor de tu vida cuando escribo un poema y acaricio tu alma con letras y palabras, en los momentos en que te abrazo desde mi arte, sin abandonar el deseo de pasear contigo entre las flores que Dios pintó mientras soñábamos. Quiero ser el amor de tu vida en cualquier horario, con fechas memorables y huellas de nuestro paso al reír y empaparnos cierta mañana o tarde de lluvia. Quiero ser el amor de tu vida, como dama de siempre y caballero permanente, al inventar un detalle para ti, al recibir uno tuyo, al abrazarnos y al mirarnos a los ojos, como dos pequeños que se encuentran en los jardines del paraíso. Quiero ser el amor de tu vida cuando ríes y lloras, e hilvanar los años de nuestras existencias. Quiero experimentarlo con el milagro del amor y la vida, con las ocurrencias que tenemos, con los enojos que desdibujamos y con las ilusiones que tejemos. Quiero ser el amor de tu vida en la calzada con árboles, entre las olas, en la nieve, en las tiendas con cristales enormes y reflectores, a un lado de la chimenea, en el balcón, en la terraza. Quiero ser el amor de tu vida desde ayer, hoy y mañana, y dejar en cada página un suspiro, una palabra, un detalle, un día inolvidable. Quiero ser el amor de tu vida con nuestros sueños y realidades. Quiero ser el amor de tu vida, ahora que estoy en el mundo, y después, al saltar por las estrellas, al contemplar el universo, al platicar con Dios, al reservarte un espacio en el infinito.

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Búscala

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El viento dijo: “si la amas, impregna tus palabras en el ambiente, y se las llevaré envueltas en mis ráfagas”. Él creyó en el aire y expresó el delirio de su amor. La llovizna lo abrazó y lo invitó: “si la extrañas tanto, deposita en cada gota un deseo, un instante, un motivo, un detalle, y yo, a cualquier hora, derramaré el agua con tu perfume”. Él aceptó con la esperanza de que ella, al percibir su fragancia, emocionara y asomara a la ventana con la mirada y la sonrisa que solo dibujan el enamoramiento y la ilusión. El arcoíris se aproximó a él y le ofreció llegar hasta ella con la idea de pintar sus días de alegría. El frío, igualmente, llegó y prometió cubrir el paisaje de nieve para que él la abrazara siempre. Llegó la vida hasta la morada de él y advirtió: “no pierdas los días en posibilidades. Actúa. Protagoniza una historia cautivante, maravillosa e inolvidable. Búscala y demuéstrale lo tanto que la amas. Un día pueden encantarle un guiño y una sonrisa; otro, en cambio, quizá le sorprenda la belleza y la fragancia de una flor; uno más, tal vez, le guste que la cargues y gires dichoso y feliz con ella en los brazos; alguno, probablemente, le fascine caminar a tu lado, en el parque o no sé dónde, y beber contigo un café, acaso derramarlo accidentalmente y reír, hasta recibir una servilleta de papel con el dibujo de una flor y su nombre unido al tuyo. No esperes a que las historias ocurran y te excluyan o te destinen papeles secundarios. Invéntalas y vívelas. Los días de la existencia son un milagro y están compuestos de detalles. Sorpréndela con el prodigio del amor”. La vida se retiró y él, reflexivo y silencioso, comprendió que los días y los años son tan cortos que apenas alcanzan, en el amor, para dar lo mejor de sí y crear el más bello y prodigioso de los cielos. Entendió que los minutos y los años de la existencia son trozos de paraíso y de infierno, y que cada instante, uno elige ser intensamente feliz o cargar voluntariamente una losa compuesta de desdicha. Y fue por ella para entregarle su más profundo amor.

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Te escribo en otoño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te escribo en otoño, cuando hay tanta hoja acumulada y dispersa en el bosque, el jardín y el parque, cual alfombra amarilla, dorada, naranja, rosada y rojiza que invita a correr, jugar, reír, saltar y rodar contigo en el suelo, hasta descubrir nuestros cuerpos y rostros cubiertos de la textura de los árboles. Te escribo en otoño, antes de los días invernales, con la idea de que prepares tu equipaje y permanezcas conmigo, al lado de la chimenea, con una taza de café o de té, cada uno, y un canasto pletórico de recuerdos y otro vacío, a la espera de la siguiente primavera y el próximo verano, con nuestros planes, sueños e ilusiones. Te escribo en otoño, cuando agoniza el año y hemos dejado la infancia y aprendido, olvidado, ganado y perdido tanto. Te escribo en otoño, estación en la que muchos lloran al creer que sus romances quedaron desolados, como los pasajeros que empequeñecen y se desvanecen al alejarse los furgones. Te escribo en otoño, fiel a ti y a mí, en el minuto en que coloco el amor del primer día en la hora presente y en los años que están por venir, para continuar con la misma emoción y tender un puente a la inmortalidad. Te escribo en otoño, una mañana, una tarde o una noche -qué importa, después de todo, la hora-, para que sepas que eres mi musa, a pesar de que el ferrocarril en que viajamos casi ha descarrilado por la historia y la realidad de nuestro tiempo. Te escribo en otoño una carta, un poema, un texto, las letras que dibujo y pinto con mis sentimientos e ideas, con este amor tan mío que por ti se convierte en un delirio, en una pasión, en un ministerio. Te escribo en otoño y mis palabras quedan cual testimonio de que también te amo entre las ráfagas de aire que arrancan hojas y flores y rasgan nubes. Te escribo en otoño, cuando por la ventana de mi buhardilla me visitan las fragancias de tu perfume que el viento dispersa. Te escribo en otoño, cuando poseemos tanta historia y aún faltan los capítulos más bellos y prodigiosos. Te escribo en otoño, cuando mis poemas y textos retratan la locura de este amor.

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Mi poema más delicado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Mi poema más delicado es el que tomo de las nubes rizadas que incendia el sol una mañana de primavera o verano, mientras tú y yo paseamos y recolectamos, en una canasta, flores silvestres y multicolores de deliciosa fragancia y textura fina que acompañan y decoran el mantel de nuestro desayuno campestre. Mi poesía eres tú, una tarde de verano, cuando hago de las gotas de lluvia un lenguaje, un código, una lectura de amor. Mi arte lo sustraigo de los trozos de cielo que, a veces, en los momentos de inspiración, uno siente que flotan aquí y allá, alrededor, afuera y en el interior, como regalo del artista de la vida. Mis letras son las hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que el viento otoñal, en sus mañanas traviesas y airosas y en sus tardes y noches bohemias, seca y dispersa en alfombras cautivantes y mágicas. Mi poemario lo completo con las estrellas que todas las noches contabilizo para entregarte un collar de perlas sidéreas. Mi texto idílico, cuando te lo entrego con un tanto de mí y mucho de ti, ya contiene los granos de arena de la playa de nuestro recreo. Mis versos y mi prosa los obtengo del mar jade y turquesa, de las burbujas que brotan de la intimidad de la tierra y revientan en los manantiales, de los copos que dejan las noches nevadas en los abetos, en el paisaje y en los tejados. Mi poema más delicado es, simplemente, una mirada, un suspiro, una sonrisa, un beso, un abrazo que te doy desde la profundidad y el silencio de nuestras almas. Sí. Mi poemario se compone de rumores y silencios, de luces y sombras, de la esencia y de la arcilla, del cielo y del mundo, de ti y de mí, y eso, musa mía, le da un brillo especial que solamente se descubre y siente en un paraíso sin final.

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Fórmula del cielo o preludio de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres yo, soy tú, somos nosotros. Es nuestra historia

Alguna vez, parece, Dios pintó tus ojos con las tonalidades de su paleta y los alumbró con la luz de tu alma, como si hubiera deseado colocar en tu semblante una marca, la señal de sus criaturas consentidas, el lenguaje de los seres elegidos. No se conformó, al crearte, con la delicadeza de tus manos y tu silueta de mujer, porque te hizo dama para dejar en cada detalle y movimiento tu huella femenina. Guardó en tu esencia, en tus sentimientos y en tu memoria la fórmula de niña y princesa, el encanto de mujer y dama, la sutileza de ángel y musa. Escogió de los rumores celestes, las notas más bellas, los susurros del silencio, la música de la creación y la vida, para convertir tu voz canora en poema, en canto, en concierto. Llamó al viento para que jugara con tu cabello de muñeca y sopló hasta que despertaste de un sueño denominado eternidad. Inscribió tu nombre en una estrella para inmortalizarlo en la pinacoteca del universo. Notó que había creado aquella mañana, en su buhardilla, un trozo de cielo, un fragmento de su alma, un pedazo de ternura. Aquella ocasión, creo, también modeló mi figura y deslizó sus pinceles sobre mí, hasta que sopló, como lo hizo contigo, y desperté, igual que tú, de ese sueño inmortal en la morada, donde ambos jugábamos y permanecíamos fundidos en un palpitar sin final. Nuestra historia ya estaba escrita; sin embargo, permitió que tú y yo, nosotros, los de siempre, enmendáramos los capítulos y añadiéramos páginas a nuestra historia, con la idea, parece, de hacerla grandiosa, sublime, inmortal e inolvidable. Emocionado, Dios me confesó al oído que tú tienes mucho de mí y yo un tanto de ti, de tal manera que somos uno y otro con diferente identidad y el mismo pulso en un alma que no morirá porque contiene un soplo de eternidad. Guardó Dios sus secretos de amor en tu alma y en la mía, con la promesa de que algún instante, en cierta estación, coincidiríamos con la idea de compartir un destino, una historia, un romance. Recibí de Dios la encomienda de amarte con el alma, fielmente, como si cada momento iniciara nuestro encuentro y me enamorara de ti a toda hora, siempre con alegría, emoción, asombro e ilusión, como lo hago desde la primera vez, cuando dije a tu oído “me cautivas. Me siento profundamente enamorado de ti. Te amo”. Es un enamoramiento que no cesa, una locura que no se apaga, una luz que no se extingue. Tú convertida en mí y yo transformado en ti. Es un amor que viene de lo alto, que proviene del interior, que nos mantiene en los parajes de la temporalidad y lleva a ambos al oleaje de la inmortalidad. Con un amor así, poseemos la llave del cielo. Hemos compartido incontables capítulos, prefacio, es verdad, de los días y la eternidad que están por venir. Amar significa fundir dos almas con tu esencia y la mía, volar juntos, navegar inseparables, ser mundo y paraíso, canto y suspiro, silencio y voz, nieve y tormenta, cascada y río. Veo mi reflejo en tu mirada cuando me encuentro a tu lado y al no estar contigo, te percibo en mí aquí allá, me siento en ti, y lo más asombroso es que somos tú y yo, con un rostro y otro más, mecidos en el arrullo de un alma, en una morada donde el amor es la luz, el destino y el principio sin final. El nuestro es un amor inextinguible porque nació en el cielo, en el alma, en ti y en mí, en la primera flor. Sólo un amor como el nuestro se vuelve inmortal y exhala los perfumes del infinito, irradia la luminosidad de los luceros y regala las caricias del viento que llega de rutas  distantes. Tú y yo, nosotros, es el secreto de un amor vuelto locura. Intenso, alegre e ilusionado, te siento en mí, en la hoja dorada que arranca el viento una tarde otoñal, en el copo de nieve que derrama el invierno una madrugada sobre los abetos, en el rocío de la mañana que a una hora primaveral desliza en los pétalos de la flor, en las gotas de lluvia que se precipitan un día de primavera, acaso porque somos eco y promesa, probablemente por ser el amor código de la alegría e inmortalidad, quizá por definir en ti algo de mí y volverme un tú que abrazo desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, tal vez por formar parte del preludio y la fórmula del cielo.

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Una nota bella y el encanto de una vida y un sueño llamados amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me cautivan tus detalles porque me comunican un amor genuino y fiel que traspasa las manecillas del reloj y mi estancia en este mundo, quizá porque contigo me siento en el cielo; pero a veces, no te miento, necesito algunas palabras dulces, como las que sueles expresarme en ciertas horas de alegría, enamoramiento e ilusión, seguramente por aliviar y compensar mis días de soledad e indicarme que es verdad tu compañía que percibo en mi alma cuando no estamos juntos

Una palabra tuya es una nota bella en un concierto matinal o en una sinfonía nocturna, el susurro del viento que llega de mundos distantes, los murmullos del oleaje que empapa la arena y arrastra secretos y trozos del fondo del océano, los rumores de los sueños y la vida, el poema que se dice una tarde de romance. Tu mirada es la luz de un paraíso que intuyo excelso, un espejo de dulce encanto que refleja la beatitud y hermosura que debe existir en la morada de donde venimos. Y tus caricias, en tanto, las siento como la textura de una flor cuando las gotas del rocío deslizan suavemente sobre sus pétalos y desprenden aromas celestes y mágicos que cautivan los sentidos. Ojos tan bonitos los tuyos, con pestañas de niña consentida e inolvidable, y labios que me regalan el sabor del cielo y la esencia de tu alma. Ya no hay nada que describir con las palabras cuando el amor es el encanto que te arrulla conmigo aquí, en la finitud del mundo, y allá, en la casa, en el palacio, en la morada infinita, donde siempre nos sabremos tú y yo, nosotros.

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Delirio de un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si te llamo color y luz de mi vida, significa que contigo he llegado al encanto de un cielo prodigioso

Admito que eres mi delirio, mi poema, mi musa, mi sueño, mi vida, mi mundo y mi cielo. No lo niego, te siento mi alma, mi voz, mi mirada y hasta mi rostro y mi nombre con sus apellidos, incluso cuando no estoy a tu lado. Imagino que cualquier hombre o mujer, cuando observan nuestra alegría, los juegos que tanto nos divierten, las ocurrencias que tenemos y hasta los instantes de formalidad y silencio, intuye que se trata -el tuyo y el mío- de uno de esos amores que se sienten y encuentran en las páginas de los relatos más bellos, sublimes y románticos. La locura de un amor inicia en uno y en otro cuando se siente un palpitar mutuo en el interior, con dos identidades libres y plenas, unidas entre los colores del mundo y las luces del cielo. Eres yo cuando escribes tu nombre y descubres tu semblante en el espejo, como soy tú al leer tus apellidos y contemplar mi reflejo en los charcos que deja la lluvia pasajera. Gente que camina y es testigo de nuestro romance, instantes que transcurren y navegan a otras fronteras contigo y conmigo en una barca, estaciones que se suceden unas a otras con las tonalidades de las flores que te regalo en primavera, las gotas de lluvia que envuelven los sueños e ilusiones que te doy en verano, los rumores del otoño que confiesan el secreto de un gran amor y la alfombra nívea que refleja la hermosura de la historia que construimos para nosotros. Ninguna tempestad quebranta la dulzura de un amor que inspira y motiva la caminata a la morada, al palacio, al cielo de luces, rumores y silencios. Ahora que volteo atrás, a los lados y adelante, arriba y abajo, encuentro nuestras huellas, los luceros, el eco de las alegrías que compartimos, las páginas de la historia que protagonizamos, el sabor de un beso y otro más, el calor y la ternura de un abrazo. Ornamento nuestro amor con las palabras rítmicas de un poema, con las notas de mi violín, con los tonos que plasmo en el lienzo; sin embargo, Dios lo adorna con los susurros del silencio y los murmullos del mar, del viento y de la lluvia, con su paleta de colores y con su cincel que da forma a la vida. Mi amor por ti es igual a tu amor por mí, sí, aunque repita la palabra amor que multiplico una e incontables veces, porque es un sentimiento que late en ambos. Admiro tus manos femeninas, tus labios, tu sonrisa, tu piel, tus ojos y el destello de tu ser, como si todo en ti fuera un regalo celeste, un sendero para llegar a mí y reconocerme y encontrarte plena y feliz conmigo. Eres un delirio permanente, una locura que me lleva a soñar y vivir, cruzar puentes de cristal y de piedra, sentirte en mí y morar en ti. Tengo la sensación, cuando duermo, de que estoy despierto y vivimos en el paisaje de un mundo prodigioso, y que al compartir a tu lado las horas de nuestras existencias, permanecemos en el sueño y el encanto de un plano mágico, acaso porque el amor es eso, un paraíso, un desvarío, o quizá por ser tú y yo transformados en destello, en un amanecer en la finitud y en la hora eterna.

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Fragmento de cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Seguí el lenguaje de tu pulso, las huellas de tus sandalias, el aroma de tu piel, la ruta de tu ser y los rumores de tu silencio, hasta que descubrí los destellos del cielo

En tus manos, cuando tocan las mías y me acarician, siento la textura de las flores del paraíso y la suavidad de los pétalos al deslizar las gotas del rocío. Imagino la dulzura de una mañana de primavera y presiento el sabor del cielo con cada beso que me entregas. Grabo nuestra imagen al fundirme en tu mirada, en la profundidad de tus ojos, seguramente porque me regala los colores de la paleta de Dios. Noto, cuando hablas o susurras a mis oídos, que el viento sopla y me transmite los rumores de la vida, del océano, de nuestras almas, de la lluvia y de la creación. Admiro, al ser tú y yo, el esplendor de un amanecer en la playa, la magia de una llovizna de verano, el prodigio de un bosque alfombrado de hojarasca y el encanto de un manto de copos. Te abrazo en silencio, prolongadamente, hasta navegar en la profundidad de nuestras almas que reconocen la luz y la ruta a un plano que se percibe eterno. Encuentro en cada detalle tuyo, en tus guiños, en tu mirada, en tus palabras, en tus ósculos, un rincón de la inmortalidad, un trozo de Dios. Oigo los tañidos de un mundo distante y cercano a la vez, los murmullos de tu silencio y el mío, la música de nuestras voces al hablar y al callar. Me sorprende tanto que en ti -en tu mirada, en tus detalles, en tus palabras, en tus besos, en tus caricias- palpite un tanto de cielo, un fragmento de mí, un trozo del encanto de una flor y un eco que me recuerda lo que amo y siento tan tuyo y mío.

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Cuando digo que te amo…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te reconozco en lo bello, en lo que es tan tuyo y mío, en el vuelo de la mariposa, en el canto del mirlo y en los sonetos del jilguero y el ruiseñor. Te identifico en mí, en las olas turquesa del océano y en la profundidad del azul celeste, en los luceros plateados y en el dorado del sol, porque eres mi día y mi noche, mi sueño y mi vida, mi ilusión y mi realidad 

Cuando digo que te amo, es porque eres la niña que un día, en mi infancia dorada, añoré y soñé una y otra vez, mientras las gotas de la lluvia deslizaban por el ventanal de mi habitación o asomaban, enamoradas, la luna y las estrellas por la mirada nocturna. Cuando recuerdo que te presentí desde la aurora de mi existencia, es porque vine de un plano mágico donde tú y yo jugábamos y reíamos. Cuando afirmo que eres mi amor, es porque a una hora ya distante coincidí contigo y me descubrí en ti y te sentí en mí. Cuando escribo tu nombre con dulzura, es porque es el mío y ambos reposan entre nuestros apellidos. Cuando escribo un poema inspirado en ti, es porque te amo y eres mi musa. Cuando te abrazo desde la profundidad y el silencio de nuestras almas, percibo los rumores del amor, las voces de la vida, los murmullos del océano y los susurros del cielo. Cuando llevo tu sabor y tu fragancia, es porque tus besos y tu perfume son cristalinos. Cuando te amo, es porque eres una dama y me enseñaron a ser caballero. Cuando aseguro que no espero a alguien más, es porque tú ocupas el hogar de nuestras almas. Cuando escribo nuestra historia, es porque estamos tomados de las manos y seguimos la misma ruta, compartimos los días de nuestras existencias y anhelamos un destino. Cuando hablo de finitud y eternidad, es porque estamos aquí, en medio del mundo, alegres y enamorados, y presentimos que si Dios tuvo la idea de reunirnos y regalarnos estos días maravillosos, otro momento la corriente diáfana y el viento etéreo envolverán nuestras almas y las llevarán hasta su morada. Cuando siento asombro, es porque eres femenina y real, es por el amor que me entregas y te doy, es por percibir en tu mirada, en tus manos, en tus caricias y en tus besos el encanto de un prodigio.

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Quien comparte un amor, posee la llave del cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hablo de ti y de mí

Quien comparte un amor, ha salvado la vida y tiene la promesa de ser luz inagotable. Quien tiene un amor, no está muerto porque ya encontró la sonrisa de Dios y posee la llave del cielo. Quien ama, ha concluido su peregrinaje en el destierro y se prepara para llegar a su morada. Quien se siente enamorado, despierta feliz y pleno todas las mañanas y duerme tranquilo cada noche, siempre envuelto en ilusiones y sueños prodigiosos y realidades mágicas. Quien se asombra del amor que siente, ya es otro, es alguien que emprende el vuelo libre y pleno. Quien se sabe amado, recibe los abrazos, las caricias y los besos de la brisa, del viento, del sol y de la lluvia. Quien protagoniza una historia de amor, conoce el ambiente de las estrellas una noche subyugante, el crepitar de las velas durante una cena romántica y la caminata por la playa un amanecer y otro. Quien protagoniza capítulos de amor, ya tiene una historia en el mundo y su continuación bella en otros planos. Quien hace de su amor un ministerio, una locura, un sí y un no, un poema, un delirio y una medida sin final, encuentra reposo al saberse tú y yo. Quien hace del amor un poema, una melodía, una pintura, entrega un detalle en una servilleta, escribe un “te quiero” en la arena y no le importa si la envoltura del regalo es periódico o papel fino. Quien es amado, se descubre a sí mismo en otra mirada, se escucha en una voz que es y no la suya, se siente de este mundo y de uno que parece demasiado cercano y muy lejano. Quien ama, ya no espera a alguien más porque su casa tiene huésped. Quien entrega su amor, despierta de un sueño y comienza la vida. Quien hace del amor un estilo de vida, guarda un tesoro, abre la puerta del paraíso y se vuelve inmortal. Quien coincide con el amor, puede decir, como tú y yo, “te identifico en mi nombre, me reconoces en tus apellidos. Soy tú al mirarme, eres yo al definirte. Somos uno y dos en el palpitar y en los rumores del universo”. Quien comparte un amor, insisto, no está solo porque ya es él o ella, el otro y uno.

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