Inquietud

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En México, donde las autoridades reaccionaron con torpeza, burla, irresponsabilidad y tardíamente al coronavirus, mientras amplios sectores de la población actuaron con rebeldía, necedad e ignorancia a las medidas sanitarias y a las recomendaciones de distanciamiento social para ahora denunciar que a la gente la están afectando en los centros oficiales de salud y que hasta a quienes fallecen por otras causas los registran como víctimas de la denominada pandemia, llama la atención y causa extrañeza y hasta preocupación y sospecha que de manera inconsciente encaucen a la sociedad a los hospitales y consultorios públicos, con la silenciosa y terrorífica idea del entubamiento y la muerte, y no exista una campaña, respaldada por instituciones académicas, gubernamentales, científicas y privadas, que inviten a que si alguien presenta algunos de los síntomas de ese padecimiento, acuda con un médico privado que sea honesto, profesional y cuente con amplia experiencia y trayectoria. Personas confiables, aseguran que en no pocos de los grandes hospitales no es excesivo el número de pacientes internos por coronavirus, pero sí el porcentaje de gente con toda clase de enfermedades que, posteriormente muere por el supuesto mal. Evidentemente, en este país, como en otros, las autoridades desmantelan y empobrecen al sector de salud pública, al mismo tiempo que favorecen, fortalecen y protegen el sucio negocio de la medicina privada y a sus protagonistas endiosados y soberbios que, incluso, operan sin que lo justifiquen muchos de los casos, y nombres y apellidos hay demasiados; pero justo es señalar que, en contraparte, también figuran especialistas honestos y profesionales que verdaderamente se interesan en el bienestar de sus pacientes. El servilismo gubernamental a la élite que controla la economía y las finanzas internacionales, el pleito entre gobernantes por recibir equipos médicos y no recursos económicos, el silencio de académicos y científicos, la falsedad de muchos de los medios de comunicación a nivel nacional, la falta de proyectos y estrategias acordes a la emergencia y la manipulación que se crea intencionalmente en las redes sociales, generan desconfianza e incertidumbre y, sin duda, afectan más que una enfermedad creada en laboratorio y dirigida a reducir el número de habitantes en el mundo, quebrantar empresas, desequilibrar los mercados y apoderarse de los recursos naturales y minerales de los pueblos y de la voluntad, la salud, el destino, la conducta y la vida de la humanidad.

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