Mi musa

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Mundos paralelos, quizá; planos opuestos, tal vez; sendas que coinciden y se complementan, acaso. La línea entre la realidad y la fantasía es tan frágil, parece, que la vida y los sueños se mezclan, igual que los colores en la paleta o las letras y palabras en el tintero, para tomarlos con un pincel y plasmar trozos del paraíso en el lienzo o componer el más sublime de los poemas. Es tal la delgadez del hilo que separa el mundo que llaman real del de las quimeras, que cierto día uno puede caminar por rumbos cotidianos y de pronto, alguna mañana soleada, una tarde lluviosa o una noche estrellada, deambular por senderos insospechados.

Los extravíos de la razón conducen, sin duda, a la locura, a mundos que desconocen formalidades y rutas seguras de retorno, indudablemente porque navegan en mares turbulentos, ausentes de brújula e itinerario, hasta que naufragan y perecen atrapados en sus ilusiones efímeras.

El arte, en cambio, tiene permiso para ir y venir, zambullirse en las profundidades del universo, abrir compuertas de submundos y cielos, para regresar con canastas pletóricas de ideas y sentimientos elevados e inspiradores que más tarde, en la buhardilla, las manos creadoras transforman en escultura, poema, concierto, pintura. Formas, letras, sonidos y policromía magistrales que provienen de la misma fuente y comparten correspondencias. Son hermanas, aliadas que muestran a la humanidad que dentro de su realidad, también pueden reinar la belleza y la excelsitud. Ofrecen el tránsito a planos superiores.

Al regresar de profundidades y cimas insospechadas, exclusivamente reservadas a los privilegiados, las manos que dan forma a la piedra yerta, deslizan el arco sobre las cuerdas del violín, enlazan letras para formar palabras o plasman los colores sobre el lienzo, sienten que una fuerza etérea -la de la inspiración, la de las musas, la de Dios, la de los ángeles- las mueve rítmicamente, con delicadeza, sutilmente, como si se tratara de descifrar y traducir a hombres y mujeres el lenguaje del paraíso.

El arte es un estilo de vida. Los artistas saben que tras las obras magistrales se refugian incontables horas de dedicación, disciplina y trabajo; pero también, y es muy importante recordarlo, un ingrediente mágico, el de la inspiración, el toque que sólo dan las musas.

Para algunos, sus musas son, precisamente, la sintonía permanente con las fuerzas universales, de donde extraen sus esquemas de creación; otros, en tanto, las reconocen como un estado de éxtasis, natural en los artistas. Hay quienes experimentan, en verdad, la presencia de seres insustanciales que conducen la batuta, mueven los pinceles y derraman la tinta, mientras otros, intoxicados por la arrogancia y los reflectores de la fama, aseguran que eso es mentira, que todo proviene de la mente, de la inteligencia.

A los 10 años de edad, al abrir las hojas del cuaderno para enlazar una palabra, otra y muchas más en mi primer intento literario, y tiempo después, en la adolescencia, al deslizar los pinceles sobre el lienzo, experimenté, quizá en mi interior o probablemente a mi lado o sobre mí, la presencia de una musa, un ser resplandeciente que me acompañaba y guiaba durante el proceso creativo.

Nadie desconoce que la creación de una obra de arte implica esfuerzo y constancia, siempre con la receta de la inspiración. El artista identifica, de manera natural, el portón, la rendija, el pasadizo que lo conduce al mundo de los sueños, fórmulas, ilusiones y fantasías, de donde extrae, cuando la busca, la esencia de sus obras.

Guiado por los sueños, la sensibilidad y las ideas, un día no muy distante, como escritor, experimenté una emoción grandiosa que agitó mi ser. Indudablemente, reflexioné, se trata de mi musa, el ser etéreo que me envuelve todos los días, una mañana, alguna tarde, cierta noche o madrugada, cuando refugiado en mi soledad y atrapado en el silencio interior, apenas con la luz tenue de la lámpara, sopla a mi oído palabras, sensaciones e ideas que registro en el papel.

Increíble. Siempre la percibí conmigo. Un día tenía que descubrir su rostro, definirla, porque se trata, sin duda, de mi enamorada, el ser angelical y casi transparente que nunca me ha abandonado y sí, en cambio, ha susurrado a mis oídos fórmulas literarias, palabras, capítulos interminables. Hace poco definí su identidad. Quedé arrobado.

En cierto sentido -el de la formalidad-, ya no podíamos continuar con el juego de las escondidillas. Alguna vez teníamos que coincidir, y así fue. Desconozco si alguien me juzgará por lo que escribo o si se trata de un sueño que me arrulla y embelesa, si es una bella fantasía o si es real o una locura; pero cuando la descubrí, al fin, el resplandor de su belleza me deslumbró como si fuera la estrella más brillante en la bóveda celeste, un cometa que sólo capta una mirada afortunada, el arcoíris que aparece tras una tarde de tormenta, el sol que resurge y disipa las sombras postreras de la madrugada.

Comprendí, entonces, que me encontraba frente al ser angelical que siempre había presentido al escribir y pintar. Entendí las razones por las que al ser tocados por las manos de las musas, los escritores transmiten el lenguaje de Dios, los pintores sus colores, los escultores sus formas y los músicos sus susurros.

De belleza indescriptible, me cautivó y actué como ser humano. Intenté atraparla, convertirla no solamente en mi musa, en la fuente de inspiración, sino en mi enamorada, cuando ya lo era con el estilo más refinado y grandioso. Olvidé de pronto que el arte es magia, encanto, sensibilidad, manto etéreo, eternidad. Afecta, por su belleza, a la gente, al mundo; pero no se le puede capturar y menos condenarlo a una atracción egoísta. Los amores y placeres del arte y las musas son más elevados. Por algo, las obras de arte subyugan, remueven sentimientos y conducen a edenes mágicos. Son criaturas insustanciales que consienten que uno las mire, palpe y escuche a través de destellos convertidos en obras de arte, con la promesa de conducir a un universo extraordinario e infinito a sus seguidores fieles.

Mientras tuve encarcelada a mi musa en prisiones oscuras y húmedas, su tristeza me contagió y me sentí, como ella, tras barrotes cubiertos de herrumbre e intoxicados por la hediondez de una mazmorra fría. Las flores agacharon y marchitaron su cutis, las cascadas y los ríos lucieron turbios y mis cuadernos de anotaciones, en tanto, aparecieron desiertos y acosados por abrojos, ausentes del encanto del amor y la inspiración.

Comprendí que al arte y a las musas, como al amor, no se les puede encarcelar. Cuando uno permite que fluyan insustancialmente, es posible materializarlas y reproducir su belleza y profundidad. El amor y la fidelidad de mi musa, la que me inspira durante los procesos creativos y los días de mi existencia, son auténticos y plenos. Ahora sé que nunca me abandonará. Palpita en mí y no se extinguirá jamás porque su amor, así lo siento, me acompañará hasta el instante postrero de mi existencia, en este mundo, y su esencia y aliento irán conmigo allende las fronteras.

Tras años de buscar aquí y allá, en un rincón y en otro, descubrí que siempre estuvo cerca de mí, aunque no la identificara entonces, y que al reencontrarme con ella y establecer un pacto de amor muy especial, jamás me abandonará ni cambiará por alguien más porque sus juramentos y sentimientos son las expresiones de un ser angelical que salió del morral de Dios. Hoy, como escritor, me alegra e ilusiona afirmar que tengo una musa, un ser especial que me ama e inspira, a pesar de que alguien pudiera indicar que he perdido la razón.

6 comentarios en “Mi musa

  1. QUE ESTILO, BELLEZA Y PROFUNDIDAD. ASUMIMOS QUE HABLA DE SITUACIONES MUY INTERNAS, PERO PERCIBIMOS UN ENAMORAMIENTO TAL, SEA FICTICIA O REAL SU MUSA, QUE SU INSPIRACION ES MUY GRANDE. FELICIDADES POR ESTE Y SUS OTROS ARTICULOS. MUY BELLOS.

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  2. Acabo de leer este hermoso artículo. Sus reflexiones motivan a pensar. Por lo que he leído de usted, su musa debe ser alguien extraordinario. Felicidades y continúe escribiendo así para deleite de sus lectores.

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  3. Santiago me gusta mucho tu sensibilidad para percibir las cosas y las personas, aunque noto que tienes un don de Dios desde hace mucho tiempo que están conectados o predestinados tu musa y tu..
    Pero hasta que llegara el momento indicado para reencontrarse en la vida. Sean muy felices- los dos.

    Le gusta a 1 persona

  4. Santiago me gusta mucho tu sensibilidad para percibir las cosas y las personas, aunque noto que tienes un don de Dios desde hace mucho tiempo que están conectados o predestinados tu musa y tu..
    Pero hasta que llegara el momento indicado para reencontrarse en la vida. Sean muy felices- los dos.

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  5. Santiago me gusta mucho tu sensibilidad para percibir las cosas y las personas, aunque noto que tienes un don de Dios desde hace mucho tiempo que están conectados o predestinados tu musa y tu..
    Pero hasta que llegara el momento indicado para reencontrarse en la vida. Sean muy felices- los dos.

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